Hoy se conmeora una vez más, el 9 de agosto, Día Intenacional de los Crímenes Estadounidenses Contra la Humanidadm creado por 4 intelectuales argentinos integrantes de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad (REDH. Fue en 2017 y la efemérides ya se conmmora en cuatro continentes.
Por Alejo Brignole
Antes del surgimiento del nazismo como apogeo de la barbarie, en Europa hubo otros degradantes hitos igualmente sistemáticos, inhumanos y de naturaleza doctrinal que rebajaron la dignidad humana a menos que cero. Una de ellas fue la publicación del libro Malleus Maleficarum, o Martillo de las Brujas, publicado en Alemania en 1486 y escrito por dos monjes dominicos, Heinrich Kramer y Jakob Sprenger.
La intención de los autores era hacer docencia para que sus contemporáneos pudiesen reconocer el Mal infiltrado en la sociedad –identificado en mujeres idólatras de Satanás– y aportar algunos fundamentos jurídicos y métodos de tortura para combatir esa clara subversión al sistema, por entonces dominado por la Iglesia católica, pues aún faltaban 33 años para la Reforma luterana. En la sección tercera de la obra, los autores Kramer y Sprenger explican algunas técnicas para obtener la confesión de las acusadas, cómo torturarlas y engañarlas con el posible perdón de sus pecados si declaraban sus simpatías demoníacas.
Curiosamente, el Malleus Maleficarum posee muy interesantes puntos de convergencia y similitudes con los manuales KUBARK editados por la CIA estadounidense en la década de 1960 y que instruyen sobre cómo detectar, torturar y neutralizar a insurgentes. Es decir, a simpatizantes del Mal. Un Mal cuyo único pecado es interpretar la realidad por fuera del statu quo dominante que impone el capitalismo. Ayer eran los comunistas. Hoy les llaman terroristas.
Los manuales KUBARK –que son siete– tiene uno que se titula Interrogation (Interrogatorio) e instruye a los encargados de torturar a prisioneros y opositores políticos secuestrados por el terrorismo de Estado, dándoles premisas y técnicas que parecen extraídas sin pudores del Malleus Maleficarum: prometer a la víctima indulgencia, amenazar la integridad de sus familiares para obtener confesiones deseadas, aunque sean falsas, o inducir al terror mediante diversas prácticas intimidantes. Las fotos tomadas en centros de tortura estadounidenses en Irak, como Abu Grahib, bien pueden ajustarse a recomendaciones escritas 500 años antes en aquella Europa brutal, fratricida y dominada por fanatismos políticos y religiosos, muy parecida a los Estados Unidos actual en su filosofía social.
El problema es que entre aquel oprobioso manual inquisidor y esta modernidad, hubo en el medio todo un corpus jurídico, vanguardias culturales y descubrimientos científicos que moldearon un pensamiento y una formas de convivencia claramente más civilizadas, al menos en la teoría. Entre el Martillo de las Brujas y los manuales KUBARK de la CIA norteamericana, hubo un Spinoza, un Hegel, una Ilustración, un Fidel Castro, un Martin Luther King y una Revolución Francesa con su Declaración Universal por los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Sin embargo, nada de eso parece haber servido para detener fenómenos emergentes como el neofascismo impulsado en todo el mundo por el magnate Steve Bannon, consejero principal de Trump en 2017.

Para descargar el libro de forma fratuita, ir a: estados-unidos-contra-la-humanidad-2
Ni todas las guerras, genocidios, masacres nucleares y dictaduras, parecen haber influido a los políticos norteamericanos –obedientes fieles del poder económico que condiciona su democracia– para comprender que representan, junto a su país, lo que a la Civilización le costó dos mil años superar dialécticamente.
Seguros ignorantes de la historia –el presidente Ronald Reagan se jactaba de no haber leído nunca un libro– los mandatarios de Estados Unidos, desde Harry Truman hasta Donald Trump, no han querido asumir que con su militarismo, sus invasiones, sus premisas económicas de agotamiento planetario y sus teorías supremacistas, terminarán por sepultar a Estados Unidos bajo un imparable odio universal. Parece no importarles haber convertido a su país en una nación criminal y violentamente retrógrada. En un Imperio, en síntesis, de bravucones idiotizados por su propia prepotencia.
Muchos de sus más destacados analistas pretenden equipararse a Roma, pero omiten que Roma obtenía una Pax Romana fundada en cierto bienestar de sus periferias una vez vencidas y asimiladas. Una inclusión odiosa, pero que daba homogeneidad a los territorios conquistados.
Estados Unidos, en cambio, apenas resulta una potencia avasallante, rústica en casi todos su aspectos y peligrosa para cualquier idea de estabilidad planetaria. No existe tal cosa como una Pax Americana, sino apenas una irracional American Praecaventur Bellum (Guerra Preventiva Americana). Y en esa estrechez de miras civilizatoria, Estados Unidos no ha dejado de invadir y torturar. De imponer la guerra a decenas de países y a pueblos enteros. Pero los pueblos despiertan, ven, oyen, disciernen. Por eso este domingo 9 de agosto se conmemora en multitud de países de Europa, América y África, el Día Internacional de los Crímenes Estadounidenses contra la Humanidad. Porque lo evidente no se puede ocultar con películas edulcoradas, ni palabras grandilocuentes. Los crímenes sangran y los pueblos lloran. Y luego se rebelan.
Fuente. Diario la Jornada, de México


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