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MIRADAS. María Elvira Salazar: la condecoración para el sometimiento

Mañana es el día en que Tomas Zambrano y el Congreso Nacional tienen previsto entregar un reconocimiento a María Elvira Salazar, un nombre que probablemente al hondureño promedio no suena, pero para quienes viven aquí es un reconocimiento oficial a una de los precursoras más fuertes de la campaña de odio e intervencionismo en Honduras el año pasado, año electoral y los cuatro años del gobierno de la presidenta Xiomara Castro.

Pero, ¿por qué? ¿Para qué sirve el interés en Honduras? Particularmente para una congresista republicana cubanoamericana, siendo los cubanos en el exilio quienes están más representados políticamente en Estados Unidos, ¿por qué siempre los ojos de Estados Unidos se dirigen hacia Honduras?

Con el paso de los años y al revisar la historia nosotros hemos visto que nuestro país es un laboratorio regional del imperialismo, impidiendo o atrasando conquistas sociales. Y usando nuestro suelo como pieza clave de sus estrategias geopolíticas con países vecinos (Nicaragua, El Salvador y Guatemala) durante las guerrillas en esos países. Un lugar estratégico donde se ubica la base militar estadounidense más grande de América Latina (Palmerola). No es descabellado, entonces, si sus planes se limitan únicamente a objetivos militares. Nuestra historia política está ligada a los intereses de Estados Unidos, incluso desde el nacimiento de la constitución vigente, que surge como resultado de presiones de Washington para “obligarnos a hacer” elecciones y evitar una revolución en Honduras como la de Nicaragua, hasta la historia más reciente: en Honduras el pueblo no vota, elige la embajada. Y se volvió más notorio en noviembre de 2025 con los mensajes de Trump y, por supuesto, de María Elvira Salazar.

Salazar no solo se limitó a opinar. El 27 de noviembre, tres días antes del voto, Trump publicó en Truth Social que Asfura era el “único verdadero amigo de la libertad en Honduras” y que “puede trabajar con nosotros para luchar contra los narco-comunistas”. Y descalificó a Rixi Moncada por su cercanía al comunismo y a Salvador Nasralla por dividir el voto. Salazar hizo lo mismo. El 1 de diciembre, tras los primeros conteos que apuntan a una victoria conservadora, escribió en Twitter: “Mientras siguen contando los votos hay una cosa que ya está clara: el pueblo hondureño rechazó contundentemente el socialismo y decidió unirse al sueño de un continente libre, próspero y democrático”. Y unos días más tarde, ante la incertidumbre por lo que sigue, publicó un video agradeciendo a las Fuerzas Armadas de Honduras por “haber hecho lo correcto” y que “Estados Unidos observaba y vigilaba las elecciones en Honduras”. Para lo cual añadió: “Muy bien, que para eso me han elegido los hondureños para estar en Washington, para vigilar sus derechos y para proteger lo que es importante: la libertad, la democracia y la economía de mercado”. Sus mensajes no dejaron duda: una congresista extranjera se atribuyó el papel de garante de un proceso de votación soberano, desde el Congreso de los Estados Unidos

Pero ya antes de todo ello, Salazar había usado a Salvador Nasralla. En julio de 2025, el entonces candidato presidencial del Partido Liberal estuvo con ella en Washington durante la presentación de la “Ley Dignidad 2025” (ley que daría estatus temporal durante siete años a migrantes indocumentados entrados antes de 2021). Y Nasralla agradeció públicamente a Salazar, diciendo que apoya “cualquier esfuerzo que reconozca el valor de nuestra diáspora”. De nuevo volvió a Washington en septiembre para reunirse con ella y otros congresistas para hablar sobre temas de TPS y democracia hondureña. Agradeció nuevamente a la congresista y la presentó como una aliada en materia migratoria. Y en noviembre, ella presidió en una audiencia del Congreso titulada “La democracia en peligro: la lucha por elecciones libres en Honduras”, que tuvo a Nasralla como invitado. Y antes de la audiencia, Salazar escribió: “En 10 días Honduras elegirá entre democracia y tiranía. Los socialistas intentan secuestrar la elección de su pueblo”. Este “trabajo en equipo” se desmoronó en cuanto salieron los resultados. Y el Consejo Nacional Electoral en diciembre de 2025 declaró ganador al candidato del Partido Nacional, Nasry Asfura. Salazar, muy enseguida después, felicitó a Asfura e insistió en que la disputa era un intento de “imponer un fraude” por parte de Libre. El apoyo politico que Nasralla esperaba no se convertiría en apoyo político.

La posición de Salazar en materia migratoria es muy instrumental. La “Ley Dignidad” que promueve no tiene nada de extraño; está diseñada para presentar una apariencia de protección, pero no para atender las reales necesidades de nuestras personas. En cuanto a su diseño (una estatus temporal de siete años, sin vía hacia la ciudadanía permanente, y solo con el pago de 7000 USD y el 1% de los ingresos), pero la política en sí no lo es. La contradicción es mucho peor porque también apoya las deportaciones masivas. Y en septiembre de 2026, en un video de campaña, ella dijo que Trump “fue demasiado lejos” con su política migratoria y que los votantes mexicanos se “sienten traicionados”. Después, sin embargo, de haber votado a favor de aumentar el presupuesto de ICE. Y su candidato demócrata rival, Eliott Rodríguez, la denunció como “cómplice de estas políticas”: “Ella votó por esto todo. Eso es lo que es María Elvira Salazar”. Para la economía de nuestro país, que sobrevive de las remesas, estas deportaciones de Estados Unidos, cuya política está liderando Trump, tendrán un efecto devastador. La política migratoria de seguridad nacional de EE. UU. tiene un impacto directo en nuestra economía. Y aunque ella discutió con Nasralla sobre cómo proteger el TPS durante la campaña, se apoyó en un gobierno que se postura a favor de la agenda de deportaciones de Trump. No obstante, su motivación personal en esta cuestión es la decisión dominante.

El 18 de agosto de 2026, el presidente del Congreso Nacional, Tomas Zambrano, presentó un proyecto de decreto para otorgar a María Elvira Salazar y al actor Michael Douglas una condecoración.  La visita de Salazar al Congreso National está prevista para el 21 de septiembre de 2026, cuando tendrá lugar la formalización del reconocimiento, ya que el decreto habría cumplido con la formalidad parlamentaria requerida. Zambrano dice que Salazar es una de las “aliadas de Honduras desde el exterior”, que “hay muchas aliadas de Honduras desde el exterior y especialmente algunos congresistas norteamericanos que han apoyado a Honduras en los últimos años, como la señora María Elvira Salazar”. En otra publicación, también la había agradecido por “su incansable y valiente labor para impedir que el Socialismo del siglo XXI sumara a Honduras a su lista de naciones sometidas a dictaduras de izquierda”. Y él mismo reconoció el contexto político de la medida al decir que “si al 19 % de la población no le gusta esta figura”, en referencia a la proporción de voto que obtuvo el partido Libre en las elecciones de 2025, “el resto de los hondureños reconoce y valora el compromiso de ella con la democracia de nuestro país”. Esta es también la primera vez, muchos dicen, desde que el Congreso ha aprobado condecoraciones para los consejeros del Consejo Nacional Electoral y para los magistrados del Tribunal de Justicia Electoral por su actuación en el proceso electoral de 2025. También causó indignación entre quienes consideran estas medallas y distinciones como favores políticos y premios por el fraude de 2025.

Esta condecoración es una oficialización/legitimación de la injerencia. El Congreso hondureño bajo la presidencia de Zambrano está reconociendo a quien hizo en 2025 la función de actor externo de presión política y electoral. La condición de la condecoración es que la interferencia es ahora una “aliada de la democracia”. Aunque ella sí ejerció presión sobre la elección, amenazó y se tomó libertades con el proceso democrático hondureño, todo ello es aceptable.

El cinismo está completo. Una congresista que intervenía en las elecciones ajenas (Honduras), que usaba a un candidato y luego lo botaba, que apoya deportaciones (Honduras) que impactan en esta economía (las remesas), recibiría mañana  (o eso se espera) una condecoración procedente del Congreso de ese mismo país por el trabajo realizado.. Es un insulto. Un insulto directo a los hondureños que dentro y fuera del país han visto cómo esta señora ha usado el nombre de Honduras para su conveniencia política y luego se ha olvidado de que estamos aquí.

Porque a María Elvira Salazar le importa un bledo el bienestar de los hondureños. No le importan a quienes se levantan a las cuatro de la mañana en Estados Unidos con miedo a que ICE toque la puerta. No le importan a quienes mueren en custodia federal y nunca reciben una palabra de ella. No le importan a quienes en Honduras sobreviven con lo que llega de las remesas y saben que, si se deporta masivamente a sus allegados, la economía se les va encima (y eso sin mencionar el posible efecto en la estabilidad política).

No le importa en lo mas mínimo. Y lo que le importa es la agenda “anticomunista”, esa etiqueta vacía que utiliza, y que ella utiliza, para cualquier intervención, cualquier alianza, cualquier atropello.

Es una agenda que solo beneficia a personas que ni siquiera saben lo qué significa vivir en Estados Unidos o en Honduras de la manera en que lo hacen los pobres. Gente que no sabe lo que es levantarse temprano los fines de semana. Que no sabe lo que es el asunto de las remesas. Y esas personas son las que deciden sobre nuestros destinos. Son ellos los que aplauden cuando a esa mujer se le concede una condecoración por el trabajo que ha hecho por “nuestros intereses”.

Una congresista que nunca defendió a los migrantes hondureños, que nunca alzó la voz por quienes mueren bajo custodia, que nunca defendió un freno a las deportaciones masivas que arruinan nuestra economía. A una política que ha hecho carrera de la miseria de todos los latinos y de los hondureños en particular, de que se les use como moneda de cambio en estos interminables “tutelajes”. A una mujer que se reunió con Nasralla (en julio), y ella lo usó como reclamo político y luego lo botó cuando ya no le servía. A una congresista que se atrevió desde el Congreso de Washington a decir que se iban a llevar (la palabra) «Estados Unidos está observando» nuestras elecciones, como si fuéramos su patio trasero, como si nuestro voto no hubiera sido, como si nuestra democracia no fuera nuestra, como si nos fuera indiferente.

Pero los hondureños que de verdad aman este país (los que se quedaron, los que se fueron, los que resisten, los que luchan) saben lo que significa. Saben que esto no es un reconocimiento. Es una afrenta. Es la prueba de que quienes nos gobiernan no nos representan. 

Y eso, para cualquier hondureño con memoria y con dignidad, es un insulto que no se olvida. 

Ojalá que algún día, y ojalá no muy lejano, los hondureños podamos mirar atrás y decir que este premio bochornoso fue el último. Que fue el punto en el que dijimos basta. Que fue el momento en el que entendimos que no podemos seguir premiando a quienes nos ven como fichas, como números, como patio trasero. Ojalá que la historia nos permita rectificar. Que las generaciones que vienen puedan leer sobre esto y no sentir vergüenza, sino rabia. Rabia que se convierta en memoria. Memoria que se convierta en fuerza.

Porque nunca más debería entregarse una condecoración a quien se sienta en Washington a decidir sobre nuestro futuro sin haber pisado nuestra realidad. Nunca más a quien usa el nombre de Honduras para su conveniencia y después se olvida de que existimos. Nunca más a quien apoya las deportaciones que desestabilizan nuestra economía mientras dice defender a los migrantes. Nunca más a quien hace carrera política a costa del sufrimiento de los nuestros.

Nunca más un Congreso que premie a quien nos pisotea. Nunca más un pueblo que aguante en silencio mientras le venden la dignidad. Nunca más un país que permita que le escriban el destino desde afuera.

Que la historia nos dé la oportunidad de rectificar. Y que cuando eso pase, podamos mirar atrás y decir, con memoria y con dignidad: nunca más.

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