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ARGENTINA. AMBA. MORÓN. «Sos una decepción»: durísima carta de un trabajador municipal a Lucas Ghi

Santiago Pablo Alonso, empleado municipal con 14 años de antigüedad, denunció traslados compulsivos, amenazas de despido y persecución laboral. En una carta abierta dirigida al intendente, cuestionó el rumbo de su gestión, el vaciamiento de Cultura y Educación y el silencio de los sindicatos.

La creciente política de hostigamiento y precarización laboral que atraviesa el Municipio de Morón sumó un nuevo testimonio, esta vez con nombre y apellido. Santiago Pablo Alonso, trabajador municipal con 14 años de antigüedad y hasta hace poco integrante de la Dirección del Teatro Municipal, publicó este jueves 5 de noviembre una contundente carta abierta dirigida al intendente Lucas Ghi, en la que denunció las condiciones en las que fue desplazado de su puesto de trabajo y expresó su profunda decepción con la conducción política del distrito.

Alonso relató que fue trasladado contra su voluntad a la Dirección de Monitoreo e Informática, pese a desempeñar funciones vinculadas con su formación profesional como periodista. Además, denunció presiones para que firmara su conformidad con el cambio de área, amenazas de despido contra otros compañeros y la eliminación de su acceso digital a los recibos de sueldo.

El ajuste y la persecución a los municipales

La denuncia se conoció apenas 48 horas después de que QuintoPoder.ar revelara el nuevo esquema de persecución y hostigamiento contra los trabajadores municipales, que incluyó interrogatorios al personal en el Salón Mariano Moreno del Palacio Municipal, bajo la supervisión de personas que no se identificaron ante los empleados convocados.

A este procedimiento se sumó una nueva tanda de jubilaciones anticipadas que alcanzará a más de 200 municipales a partir del 1 de diciembre, como continuidad de los desplazamientos y las jubilaciones forzadas que afectaron a unos 170 trabajadores a mediados de año.

En ese contexto, la carta de Alonso puso en evidencia otro aspecto del ajuste municipal: el desmantelamiento de áreas vinculadas con la cultura y la educación, cuyos trabajadores fueron destinados a dependencias ajenas a sus funciones y trayectorias profesionales.

El empleado también cuestionó duramente la actuación de la jefa de Gabinete, Estefanía «La Tofi» Franco, y la falta de respuestas de las organizaciones sindicales frente a las medidas adoptadas por el Departamento Ejecutivo.

Pero su planteo trascendió el conflicto laboral. Alonso, que en otros tiempos reconoció en Ghi a un dirigente capaz de despertar entusiasmo y compromiso político, describió su transformación en un gobernante que, a su juicio, reemplazó la construcción de consensos por el disciplinamiento y el temor.

«Sos una decepción, otra más de las tantas que dió la dirigencia que hace rato decidió entregarnos en beneficio propio», expresó en uno de los pasajes más contundentes del escrito.

Su testimonio expuso, además, el deterioro del vínculo entre la administración municipal y trabajadores que durante años sostuvieron áreas fundamentales del Estado local.

La carta también constituyó un cuestionamiento directo al poder que concentra Franco, cuya actuación volvió a quedar bajo la mirada pública luego del episodio de maltrato y amenazas contra quienes reclamaban acceso a documentación municipal.

En medio del ajuste, los desplazamientos y el creciente malestar de los empleados, Alonso decidió hacer público su reclamo y responsabilizar políticamente al intendente por el rumbo de una administración que, según sus propias palabras, terminó por destruir la confianza de quienes alguna vez creyeron en su proyecto.

Por su relevancia y su carácter testimonial, QuintoPoder.ar reproduce a continuación la carta abierta en su totalidad, respetando el contenido original y las expresiones de su autor.


CARTA ABIERTA AL INTENDENTE LUCAS GHI

Por Santiago Alonso — 5 de noviembre de 2026

Sr. Intendente Municipal de Morón, Lic Lucas Ghi

De mi menor consideración:

Mi nombre es Santiago Pablo Alonso, Legajo 240890 con 14 años de antigüedad. Hasta hace poco tiempo fui empleado del municipio en la Dirección del Teatro Municipal hasta que se decidió llevar a cabo un intempestivo pase de áreas que perjudicó a una cantidad significativa de empleados, tanto de Cultura como de la Dirección de Educación, entre los que me incluyo.

En mi caso fui transferido contra mi voluntad a la Dirección de Monitoreo e Informática, sin firmar conformidad, pese a que hubo un intento por obligarme a hacerlo en la Oficina de Personal junto con otros compañeros que si accedieron, también amenazados de ser despedidos si no lo hacían.

Me movieron de área sin brindarme en la Oficina de Recursos Humanos un motivo claro forzándome a dejar un espacio en el que tenía funciones no sólo comprobadas sino vinculadas al título de periodista que tengo desde hace 15 años (con documentación presentada oportunamente al municipio) para estar en un lugar con el que no tengo ni tendré relación alguna. Al mismo tiempo me quitaron la posibilidad de consultar digitalmente mis recibos de sueldo eliminando mi acceso a los pocos días de haberse tomado esta decisión, algo que – como sabrás – está reñido con toda legalidad y convenios laborales.

Fui obligado a dejar mi puesto cambiando mis condiciones de vida en un contexto nacional que no te es ajeno: familias endeudadas para comprar alimentos, atraso en el pago de servicios básicos y problemáticas de público conocimiento producto de las decisiones de otro gobierno que – como el tuyo – es profundamente impiadoso y para el que los trabajadores somos apenas contingencias, números sin rostro, efectos colaterales y no seres humanos plenos de derechos.

Te escribo porque antes de cerrar este capítulo quiero decir algunas cosas: la primera es que muchos te creímos y vimos en vos a un referente, un ejemplo a seguir por su firmeza, su sensibilidad y sus capacidades. Eras alguien que enamoraba, conmovía y hasta instaba a que fuéramos mejores.

Hoy somos testigos con angustia de una versión tuya totalmente desdibujada, inexplicable, capaz de no sólo de seguir pagando salarios miserables sino además de malograr la carrera municipal de muchos y no conforme con eso, vaciando cultura, educación y mecanismos de transparencia que supieron ser un modelo en otros tiempos, lo cual es todo un mensaje político en si mismo.

La versión que llegó a mi persona es que alguien de tu entorno más cercano consideró de un día para el otro que cambiar de dirección a quienes trabajamos en áreas de prensa era beneficioso para calmar su intranquilidad y apaciguar su paranoia. No es sano, Lucas, ni para vos ni para quien te acompaña este proceder. Y si en todo caso ven amenazas en todos lados, es porque el camino está lejos de ser el indicado y lo sabés.

Es en estas circunstancias que no me extraña en absoluto la escasa convocatoria que se puede verificar en las fotos de los plenarios organizados en honor a tu figura. Cambiaste la construcción legítima de mayorías y la capacidad de convencer que tuviste por la especulación y gobernar mediante el temor, siendo fuerte con los débiles. La vergüenza ajena que me genera verte a vos y a tu principal asesora en imágenes en redes impostando pueblo saludando gente en la calle me exime de mayores comentarios.

Somos cientos los que pensamos así, pero no te lo van a decir por temor a vos o a la funcionaria de tu máxima confianza a la que pusiste a cortar cabezas. Como únicamente le temo a Dios, me voy a permitir estas palabras: sos una decepción, otra más de las tantas que dió la dirigencia que hace rato decidió entregarnos en beneficio propio. La ecuación para mi era sencilla: eras la excepción y pasaste a ser la norma, un político más que entra en el “que se vayan todos”. Los sindicatos locales tampoco se quedan atrás con su actitud históricamente genuflexa.

Forzar a alguien a cambiar de un área a otra llamando a cada empleado y obligándolo a que firme en la oficina de Recursos Humanos bajo amenaza de despido es generar un desorden en la vida de cada uno y un claro amedrentamiento, propio de épocas que pensábamos superadas especialmente en Morón, que supo ser un bastión de la política moderna y humana.

Intuyo además una lista negra con los nombres de quienes no integramos tu nueva identidad partidaria. Si bien no le debo explicaciones a nadie sobre esto, te diré que en mi caso me desafilié oficialmente hace 12 años de la misma fuerza política que vos hasta hace un tiempo integraste y que te permitió llegar a ser intendente.

Podrán vos y la intendenta de facto que pusiste a efectuar un plan destructivo aducir que hay que optimizar recursos en pos de la seguridad y las obras relegando la cultura y la educación, pero como vecino de la comuna desde hace más de una década, tengo claro que tu gestión no profundiza desde hace varios años en ninguno de esos aspectos, ni la seguridad, ni las obras y ahora le sumamos vaciamiento en cultura y educación. En definitiva, Morón en todo sentido está cada vez peor.

A diferencia de algunos de tus funcionarios, prófugos de la justicia por narcotráfico o investigados por extorsionar hasta el suicidio a un joven gendarme, puedo mirar a mi familia a la cara e irme con la conciencia tranquila, sabiendo que obré siempre con honestidad, de buena fe – a veces con equivocaciones, claro – pero dando lo mejor, poniendo mis capacidades y aportando incluso herramientas de trabajo particulares en pos de un Teatro del que siempre estaré orgulloso.

Aprovecho esta misiva pública para abrazar a quienes integran el Laferrere. Esta carta abierta sólo me representan a mi y de ningún modo hablo por ellos. Pido encarecidamente que tengas el decoro de no cometer el desacierto de mandar a alguien a interrogarlos. Bastante perjudicados están con el salario de miseria que perciben como todos en el municipio que hace 6 años gobernás.

Lo último que dejo es un deseo y es que como dirigente – tanto vos como la intendenta que nunca será tal por voluntad popular – se sigan hundiendo en lo más bajo de la historia. Tu carrera y la de otros como vos se forjó bajo el camino de muchos que te militaron y dejaron – en algunos casos, literalmente – la vida en un proyecto. Ambos conocemos nombres, pero voy a ser prudente.

Hoy sos el ejemplo de la multiplicación de la antipolítica, la de aquellos que destruyen la esperanza, se ocupan de parir el germen de la decepción, la tristeza y por sobre todas las cosas ganas de quedarse en casa, porque es imposible convencer genuinamente a otros de que las medidas que vienen tomando vos y tu Jefa de Gabinete que aparece forzosamente en toda foto al lado tuyo y a la que le permitiste esto, son correctas. Paso por alto su trato altanero en televisión de llegada nacional, cuando se le piden informes que rindan cuentas públicas. No alcanza con decir ser democrático, sino que hay que serlo.

No envidio para nada a los que – intimidados o convencidos – tengan la difícil tarea de salir a poner la cara por vos. Sería hipócrita decir que les deseo suerte, porque no es el caso. Más bien me dan pena. Será hasta cualquier momento, Lucas.

Santiago Pablo Alonso


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