Ahora que el Frente Renovador de Sergio Massa avisó que no votará la reelección indefinida de los intendentes, el sueño reeleccionista de Lucas Ghi (entre otros alcaldes) llegó a su fin.
Los estados psicológicos y políticos del jefe comunal atravesaron distintas etapas, desde la intención de independizarse de su pertenencia política hasta traicionar a su mentor, Martín Sabbatella, e iniciar una acción persecutoria contra los militantes que lo llevaron tres veces a ocupar el sillón de Laferrere. Renegó de su pasado kirchnerista, pretendió ser un delfín del gobernador Axel Kicillof, reivindicó el pragmatismo menemista y hasta sumó a su gobierno a exfuncionarios de Ramiro Tagliaferro y de Juan Carlos Rousselot.
Se hizo admirador de sindicalistas como Luis Barrionuevo, pasó de odiar a admirar a Juan Domingo Perón y dejó las riendas de su administración municipal en manos de su secretaria personal, Estefanía «La Tofi» Franco. Todo en sus últimos dos frenéticos años de gobierno, durante los cuales, además, les prohibió a actores de la comunidad mantener relaciones con su exjefe, Martín Sabbatella, exigencia que expresó él mismo a empresarios, universidades, cámaras de comercio y fomentistas.
El fin de la reelección indefinida
La posibilidad de derribar la ley que pone tope a las reelecciones de los alcaldes, que fue creada durante el gobierno de María Eugenia Vidal e impulsada por el massismo, se juega en el Senado de la provincia de Buenos Aires. Allí, Fuerza Patria está empatada con todo el sector de la derecha, integrado por libertarios, radicales y el PRO. Pero dentro de Fuerza Patria conviven legisladores de La Cámpora, del Frente Renovador, del sabbatellismo y unos pocos de los intendentes.
Esa paridad de la Cámara alta acaba de romperse con la declaración pública del massismo, al advertir que sus tres senadores no acompañarán la reelección. Sin la posibilidad de que la Justicia intervenga para decir lo contrario, con la Suprema Corte bonaerense incompleta y con la decisión de Kicillof de enfrentar cada vez más duramente a Cristina Fernández de Kirchner, la reelección indefinida quedó absolutamente trunca.
La sucesión
De este modo, el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) quedó acéfalo en Morón, con varias dificultades que afrontar.
Morón es uno de los distritos donde el gobernador posee peor imagen, según las encuestas de opinión pública, con un 56,7 por ciento de imagen negativa y un 40 por ciento de imagen positiva. Ese diferencial es uno de los peores del conurbano, lo que se condice con el derrumbe de la imagen de Lucas Ghi, cuya valoración positiva ya descendió al 35 por ciento, mientras que la negativa se acerca al 60 por ciento.

Con esa adversidad numérica y con una gestión estancada, el jefe comunal deberá elegir a un delfín para que compita en las PASO o en internas contra Martín Sabbatella, que ya lanzó su candidatura.
Entre los posibles señalados por el dedo de Ghi se encuentran su hermano José María y su jefa y de Gabinete, Estefanía «La Tofi» Franco. El intendente ya comentó en una reunión de jefes comunales que la disputa se centrará únicamente entre ellos dos, descartando la posibilidad del concejal gastronómico Alfonso Martínez y del hombre del «Cuervo» Larroque, Adrián Grana.


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