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25 DE MAYO. Libertad peligrosa antes que servidumbre tranquila

El pensamiento nacional que dijo basta un día como hoy, pero de 1810, nos sigue imaginando tan libres como antes de los barcos, sabiendo que la pelea demandará muchísimo tiempo, pero que la Argentina nos espera.

Por Gustavo Campana.

Geografía ocupada, identidad domesticada, cultura subordinada y lenguas prohibidas. Riquezas saqueadas y seres esclavizados sin derecho a elegir su destino. Durante tres siglos, la muerte como único camino para sepultar culturas tan superiores como preexistentes a la llegada de la pólvora, la gripe y la viruela.

Ni descubrimiento, ni evangelización. Ni excusas teológicas para amparar la matanza y el despojo, ni definiciones pseudocientíficas para justificar tratar como animales a los verdaderos dueños de la tierra. Genocidio, única palabra posible para explicar aquella América con 70 millones de habitantes a fines del siglo XV, en la que hoy solo sobreviven menos de cuatro para documentar el pasado.

Militares sirviendo al reino de España y obispos obedeciendo a Dios encabezaron un largo proceso de robo que, solo en Potosí, generó la muerte de casi 10 millones de seres humanos. La conquista de oro y plata con la Biblia en la mano y la armadura en el pecho.

A partir de mediados del siglo XVIII, las sucesivas rebeliones de Atahualpa, Túpac Amaru II y Túpac Katari comenzaron a construir un sueño lejano de patria basado en el derecho a la libertad. Crueles derrotas armadas pensadas con sentido de eternidad, que siempre terminaban con las ejecuciones disciplinadoras de sus líderes, nunca lograron apagar los ideales. Aquellos cuerpos decapitados y descuartizados anunciaban en picas el terrorismo de Estado ilimitado de un enemigo que ignoraba que hay cosas que no mata la muerte.

El pueblo de Buenos Aires en armas por primera vez para apagar el proyecto inglés de convertirnos en extensión de su imperio entre 1806 y 1807 y la rebelión de los intelectuales de Chuquisaca en 1809, silenciada por las armas después de meses de lucha, nacieron en el grito originario y fueron el prólogo de mayo de 1810.

El corazón de estas embrionarias rebeliones independentistas estaba muy lejos del bolsillo de la burguesía contrabandista que auspiciaba el fin de Cisneros mientras operaba por la llegada de una nueva opción colonial. Imaginaban en Londres o en la infanta Carlota a un dueño mucho más ventajoso que el anterior.

La revolución vivía en “Los Chisperos” de French y Beruti, en la palabra de Castelli el 22 de mayo, cuando por primera vez se habló de “soberanía popular” (“Los americanos sabemos lo que queremos y adónde vamos”), en el Plan de Operaciones y en el sueño con valor agregado de Belgrano (“Exportar materias primas sin industria es empobrecerse”).

Las dos grandes discusiones de ese paso previo a la independencia se siguen conjugando en tiempo presente. ¿Quién se hará cargo del gobierno y tendrá en sus manos el control político? ¿Cómo se manejarán el puerto y el comercio, los dos grandes datos económicos de la pequeña aldea?

Mayo tuvo alas en la militancia poética de igualdad y justicia de Monteagudo cuando planteaba que el viejo origen del levantamiento era una tiranía de 300 años: “Las armas devastadoras del rey católico inundan en sangre nuestro continente; infunden terror a sus indígenas; los obligan a abandonar su domicilio y buscar entre las bestias feroces la seguridad que les rehusaba la barbarie del conquistador”. Cuando el tucumano sentenciaba que la causa de 1810 había nacido en la madurez del dolor, por eso “el tiempo obedeció al destino, gritó la naturaleza y se despertaron los que hacían en las tinieblas el ensayo de la muerte”.

La revolución crecía en la certeza de Moreno, de presente impostergable y destino ineludible: “El gobierno antiguo nos había condenado a vegetar en la oscuridad y abatimiento, pero como la naturaleza nos crió para grandes cosas, hemos empezado a obrarlas. ¿Creen que los hijos del país puedan volver a las cadenas? ¿No conocen los enemigos que, aun cuando logren nuestro exterminio, nuestros hijos han de vengar la muerte de sus padres? Quiero más una libertad peligrosa que una servidumbre tranquila».

El primer mano a mano entre el proyecto de país y el modelo de colonia convirtió al secretario jacobino de la Junta en el primer desaparecido de la historia política argentina. Mientras aquella luz se apagaba inmensidad del Atlántico, la tranquilidad que la noticia le generaba a Saavedra motivó el tristemente célebre “Hacía falta tanta agua para apagar tanto fuego”.

Poco después, aquel asesinato que se parecía tanto al final de la revolución apuntaló el pesimismo comprensible de un Castelli moribundo cuando, entre tanta traición apenas a un año del juramento del 25, escribió en la pizarra que se había convertido en su voz: “Si ves al futuro, dile que no venga”.

Brutal represión en diciembre de 2001 en Plaza de Mayo, escenario de nuestr liberación y de atroces represalias del poder neocolonial de turno. En este caso del infame presidente Fernando De la Rúa.

Sin embargo, 216 años después, el fuego sigue encendido y el futuro continúa invitando a la pelea. La “angustia macrista” de Belgrano quedó a la intemperie el 24 de mayo de 1810, cuando le juró a la patria y a sus compañeros: “Si a las tres de la tarde del día de mañana el virrey no ha renunciado, ¡lo arrojaremos por las ventanas de la fortaleza!“.

La decisión estaba tomada después de madurar durante casi 150 años de luchas repletas de épica y orgullo. Un proyecto de unidad continental pensado con filosofía criolla para desmentir al discurso único del poder que se hacía llamar divino; un camino obligado para pensar, sin complejo de inferioridad, nuestro rol en la discusión política universal.

En el siglo XXI seguimos enfrentando a las viejas categorías europeas, que aún operan como residual virreinal a través de los embajadores que representan los intereses del espíritu imperial. Como decía don Arturo, analizando a los locales que pelean por la segunda conquista: “La idea nunca fue desarrollar América según América, intentaron crear Europa en América trasplantando el árbol y destruyendo al indio”.

Los herederos ideológicos de los libertadores políticos enfrentan en 2026 a los gerentes contemporáneos de los antiguos conquistadores económicos en defensa de la riqueza, la cultura y el poder popular. Millones de habitantes, amenazados como siempre por el deseo imperial de apropiarse de sus bienes, que hoy quiere petróleo, litio, tierras raras y agua dulce.

El pensamiento nacional que dijo basta un día como hoy, pero de 1810, nos sigue imaginando tan libres como antes de los barcos, sabiendo que la pelea demandará muchísimo tiempo, pero que la Argentina nos espera. “La infancia de la patria se prolongará más allá de tus fuegos y de mis cenizas, porque es joven, su edad no madura y somos un pueblo de recién venidos”, como decía el necesario Marechal.

Ni ellos ni nosotros estamos de estreno. El duelo no es ni joven ni viejo, es un clásico que solo cambia de intérpretes.

Prohibido olvidar al protagonista de uno de los 69 votos que defendió a la corona en el Cabildo Abierto que eligió empezar a terminar con España por orden de 155 voluntades americanistas. Fue el mismo madrileño que dirigió la Aduana de Beresford cuando fuimos durante 46 días la flamante joya de Londres. Simplemente porque en la historia no existen las casualidades, ese comerciante, contrabandista y esclavista se llamaba José Martínez de Hoz.

Fuente: Página 12

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