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MIRADAS. Bienvenidos al tren

Saber leer e interpretar la realidad es, y seguirá siendo, el primer paso esencial de la política. Este principio ha trascendido ideologías, teorías y experiencias colectivas a lo largo de toda nuestra historia como sociedad.

Por Daniel Ríos

Todo lo que la humanidad conoce hasta hoy se lo debe a la inteligencia natural de la especie a la que pertenecemos, y es simplemente el resultado de la evolución biológica experimentada durante millones de años. Es una red compleja que reúne muchos factores entrelazados, causas y efectos concatenados. Con todo, es “natural” que nos asombremos por cada nuevo descubrimiento, porque la sorpresa termina por convertirse en un nuevo impulso para seguir investigando. 

Nuestra inteligencia natural tiene limitaciones. Requiere descanso, sufre de sesgos cognitivos, y tiene una capacidad de memoria y cálculo limitada en comparación con las máquinas. Por otra parte, a su favor, posee empatía, intuición, sentido moral y la habilidad de comprender el contexto social o emocional.

En cambio, la inteligencia artificial, también creada por el ser humano, es excelente analizando patrones complejos, resolviendo cálculos matemáticos y automatizando tareas repetitivas a gran escala. Obviamente también tiene limitaciones. Carece de verdadera conciencia o emociones, es vulnerable a sesgos en sus datos de entrenamiento y no comprende el “significado” real detrás de lo que procesa.

Probablemente, todo lo que se vaticina respecto a evolución de la inteligencia artificial, pensada a 10 o 20 años, nos asombre y hasta pueda ser preocupante, en materia de salud, trabajo, educación, etc., etc. Resulta más que evidente que llegó para quedarse, pero ante esta realidad, me pregunto: ¿qué estamos haciendo para ser parte de esto?

Así como la irrupción de la inteligencia artificial nos obliga a investigarla y conocer a fondo de qué se trata, el escenario político actual nos exige un replanteo dentro de nuestro propio espacio. Nunca más oportuno juntarnos para debatir y proyectar que papel cumpliremos. El lugar de encuentro es el Movimiento Nacional y Popular, espacio donde la unidad del Peronismo es impostergable y determinante para decidir si seremos protagonistas principales, de reparto o simplemente espectadores.

Contamos con valiosos recursos humanos, y preciados recursos naturales, casi todo lo que se necesita para ser parte de lo que vendrá, tierra, agua potable, viento, sol, metales, minerales, y las reservas energéticas imprescindibles.

Saber leer e interpretar la realidad es, y seguirá siendo, el primer paso esencial de la política. Este principio ha trascendido ideologías, teorías y experiencias colectivas a lo largo de toda nuestra historia como sociedad.

Reflexionar es mirar hacia atrás, sin culpas ni reproches, ni autoflagelación. Es hacer un balance de lo que pensamos y realizamos, evaluando si alcanzamos los resultados que nos propusimos. Es analizar en ámbitos colectivos, crítica y objetivamente, ¿Por qué llegamos hasta acá?

Después de los golpes recibidos porque las cosas no salieron como pretendimos y habiendo superado el bajón anímico y desesperanzador que la derrota acarrea, aún conservamos valiosas inquietudes, esas asignaturas pendientes que provocan una amplia y más profunda visión de la realidad y que nos impulsa a cambiar.

Solo al cambiar nuestra perspectiva y flexibilizar nuestros esquemas de pensamientos, seremos capaces de entender la crisis como una oportunidad. Últimamente todo se ha acelerado, todo pasa muy rápido, obligándonos a reaccionar sin dilaciones. Está en juego nuestra soberanía cono Nación. Debemos apelar al bagaje heurístico colectivo, a nuestra conciencia nacional y popular, la conciencia de las mayorías, esa que otrora supimos construir gracias a nuestra inteligencia natural. 

Ante este nuevo panorama, me surge una pregunta clave: ¿Nos subimos al tren?

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