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MIRADAS. «Ya está, se terminó para mí… ¿Seguir? ¿Para qué?»

Fue el 26 de junio de 2016 cuando Lionel Messi declaró a la prensa su decisión de renunciar a la Selección inmediatamente después de perder por penales la final de la Copa América Centenario ante Chile. Pero a las pocas semanas volvió, para darnos a los argentinos, él junto con el resto del equipo y el cuerpo técnico, diez años más de enormes satisfacciones que no olvidaremos jamás.

Por Daniel Ríos

Siempre sirve seguir, no se ganan las peleas que no se libran. Rendirse no es una opción. Si existe una “identidad argentina” -aseveración con la que disiento, pero supongamos por un momento que así sea- la selección de fútbol argentina, con Lionel como líder, casi viene a representar a ese conjunto de características, valores y creencias que permite a los demás habitantes del mundo reconocernos, y a nosotros, diferenciarnos de ellos.

Aunque transitoria, la unión de millones de argentinos, a través de la pasión que expresa el deporte más popular del mundo, casi refleja nuestra identidad, paciente, en términos de capacidad de realizar esfuerzos colectivos para sortear adversidades generalmente provocadas por otros, de adentro y de afuera.

Es obvio que el fútbol que juega nuestra selección nos da alegrías que en su momento vivimos intensamente pero que con el tiempo se van atenuando hasta convertirse en gratos recuerdos. Hasta que llega la posibilidad de jugar la próxima copa y ahí renovamos la carga de nuestras pilas. Vamos de nuevo.

En términos sociales, políticos y económicos a los argentinos nos pasa algo parecido.

Apenas comenzado el siglo XX, allá por 1916, la Unión Cívica Radical ganaba las elecciones nacionales con Hipólito Irigoyen a la cabeza, y parecía que los sectores populares por fin respiraban nuevos aires de democracia.

Veníamos de un infierno de más de cien años, sin embargo, pocos años después de cumplirse el primer Centenario, los argentinos nos animamos a dar ese primer paso democrático. Con restricciones, todavía las mujeres no votaban, pero lo dimos.

Bloqueos e invasiones en manos de españoles, ingleses, franceses y portugueses fueron resistidas, combatidas y expulsadas por nuestros hombres y mujeres; sufrimos, desde 1833 y hasta el presente, la usurpación de nuestras Islas Malvinas por los ingleses y actualmente, se suma la explotación en su beneficio de nuestros recursos naturales existentes en el archipiélago. Pero seguimos reclamando.

Como Nación en formación creímos que teníamos nuestros derechos y los defendimos, parecía entonces que éramos los buenos. Sin embargo, de la mano de la civilización, cometimos imprescriptibles e imperdonables atrocidades, primero con los habitantes originarios de estas tierras, y luego con el hermano pueblo paraguayo.

Arrepentirnos no alcanza. Nunca nada será suficiente para reparar el daño.

Ni Conquista del Desierto ni Guerra de la Triple Alianza, simplemente genocidios, a modo de comienzo y fin de un período caracterizado por grandes gestas, el cruce de los Andes, el éxodo Jujeño, la guerra gaucha, la vuelta de obligado, etc., pero también por infinitas traiciones, muestras de cipayismo, fusilamientos y degüellos a mansalva.

El veranito democrático se terminó pronto, y en 1930 se nos vino la noche. La primera, porque después llegaron muchas más noches negras, dolorosas, inimaginables.

Hasta que en 1945 llegó el peronismo al poder y pudimos recomenzar la construcción de un país para todos, inclusivo, con igualdad de oportunidades, con educación pública gratuita y de calidad, con pleno empleo. La Argentina de la movilidad social ascendente.

En la segunda mitad del siglo XX sufrimos mucho. Muchísimo. Nuestra propia fuerza aérea bombardeó la Plaza de Mayo, un día hábil, jueves 16 de junio de 1955 a las tres de la tarde. Otra vez el genocidio anidó en las mentes de las élites criollas de la mano de “espadas sin cabeza”.

Volvimos en el ’73, y aún con Perón vivo, no supimos zanjar nuestras diferencias internas motivo por el cual otra vez se nos vino la noche, la noche más negra de nuestra historia, la Dictadura Cívico-Militar más sangrienta que nos tocó vivir.

Y a los monstruos de entonces, para salvarse primero pensaron en organizar el Mundial ’78 que ganamos, y luego, no se les ocurrió mejor idea que “patear la pelota afuera” inventaron dos guerras, con Chile que no llegó a concretarse, y con Inglaterra, para intentar recuperar las Islas Malvinas por la fuerza.

El saldo: NUNCA MAS. No Olvidamos, No perdonamos, No nos reconciliamos.

Desde 1983 estamos viviendo en Democracia, y a pesar de los golpes del pasado, y de los golpes que todos los días soportamos, de los avances de los poderosos de acá y de afuera, sobre nuestros derechos, nuestras tierras, nuestro litio, nuestra infraestructura, nuestros ríos, nuestras industrias, nuestra educación, nuestros jubilados, nuestra soberanía y nuestra integridad como Nación, aún seguimos acá, pacientes.

Néstor y Cristina consolidaron nuestra capacidad de resistencia y nos mostraron el camino. Pasémosle entre todos, juntos, el “testimonio” a Axel, para que continúe la carrera. No aflojemos, tiene sentido seguir, y ya sabemos para qué.

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