Familiares, amigos y feligreses participaron de una sentida celebración eucarística en la Catedral de Morón. El padre Martín Bernal evocó al sacerdote que formó desde el amor, cultivó metódicamente la amistad y nunca se desentendió de la realidad social y política. La jornada concluyó con una procesión hasta la ermita donde descansan sus restos.
Raúl Trotz volvió a ocupar el centro de la Catedral Basílica Nuestra Señora del Buen Viaje. No lo hizo desde el altar ni con aquella voz firme que durante décadas interpeló, corrigió, consoló y acompañó a generaciones de moronenses. Estuvo presente en el recuerdo de su familia, en las palabras de sus discípulos, en las miradas de los feligreses y en una comunidad que, a dos años de su fallecimiento, volvió a reunirse alrededor de su legado.
La celebración eucarística se vivió este sábado en un ambiente familiar, íntimo y cercano. La presencia de los familiares del icónico sacerdote moronense le imprimió a la ceremonia un clima que excedió el homenaje institucional: fue el encuentro de una familia ampliada, formada a lo largo de los años alrededor de la fe, la amistad, el compromiso comunitario y la acción pastoral de Trotz.
La misa fue presidida por el actual párroco de la Catedral de Morón, Martín Bernal, discípulo de Raúl y continuador de una experiencia sacerdotal que dejó una marca profunda en la vida de la diócesis y del distrito.
“Vine sin nada preparado, pero con gratitud”
Al comenzar su homilía, Bernal retomó las palabras que el papa León XIV pronunció horas antes en Castel Gandolfo, durante un almuerzo compartido con unas 200 personas migrantes y en situación de vulnerabilidad.
“Vine sin discurso, pero con hambre”, dijo el pontífice, antes de hablar de un “hambre de caridad auténtica”, de una Iglesia capaz de abrir sus puertas, acoger, recibir y construir un espacio donde nadie fuera considerado enemigo. Bernal parafraseó aquella expresión y reconoció que también él llegó a la celebración “sin nada preparado, pero con gratitud”.
Esa gratitud atravesó toda la homilía. No surgió como una fórmula protocolar ni como una enumeración distante de virtudes. Nació de la experiencia vital de quien conoció a Trotz, recibió su enseñanza y atravesó bajo su mirada una parte decisiva de su formación sacerdotal.
Bernal encontró una relación providencial entre la lectura del Evangelio correspondiente a la celebración de San Benito Abad y la vida apostólica de Raúl Trotz.
El pasaje del Evangelio según San Mateo recordó la pregunta de Pedro a Jesús: “Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?”. La respuesta anunció que quien dejara casa, hermanos, padre, madre, hijos o tierras por Cristo recibiría cien veces más y heredaría la vida eterna.
En aquellas palabras, Bernal reconoció el perfil de un sacerdote que entregó su vida al apostolado, a la comunidad y a una Iglesia que no se encerró entre las paredes del templo.
Formar y corregir desde el amor
El párroco recordó que Trotz formó a sus discípulos y corrigió sus errores desde el amor. Su autoridad no se sostuvo en la distancia ni en la imposición, sino en una cercanía exigente que buscó hacer crecer al otro.
Raúl podía señalar una equivocación, marcar un rumbo o reclamar mayor compromiso, pero lo hacía desde un vínculo previo, construido con paciencia, afecto y responsabilidad. Esa forma de ejercer el sacerdocio dejó huellas que perduraron más allá de sus funciones pastorales y de su propia vida.
Bernal habló desde su experiencia personal. Evocó al sacerdote que no sólo enseñó mediante palabras, sino también a través de sus hábitos, de su conducta cotidiana y de una manera concreta de asumir cada relación humana.
En ese punto destacó el verdadero culto que Trotz rindió a la amistad. Raúl no dejó sus afectos librados a la improvisación. Fue metódico para cuidar sus vínculos, recordar fechas, sostener encuentros, llamar a tiempo y fortalecer cada relación.
Para Trotz, la amistad no constituyó un elemento accesorio de la vida sacerdotal. Formó parte de su apostolado. Atender a sus amigos, acompañarlos y preservar los lazos representó también una manera de construir comunidad.
Una generación de sacerdotes que ya no existe
Bernal ubicó a Trotz dentro de una generación sacerdotal que, según afirmó, ya no existe. Una generación centrada en el apostolado, en mirar hacia adelante y en avanzar incluso frente a los obstáculos.
No se trató, sin embargo, de un impulso desprovisto de definiciones. Trotz sostuvo posturas sociales y políticas claras. Nunca escapó a la coyuntura ni se refugió en una falsa neutralidad cuando la realidad reclamó una palabra.
Su acción pastoral mantuvo contacto con los conflictos sociales, las necesidades de los sectores más vulnerables, las demandas de los trabajadores y las discusiones que atravesaron a la comunidad de Morón. Su compromiso cristiano no anuló su lectura política de la realidad: la profundizó.
Raúl perteneció a una tradición eclesial que entendió la fe como una presencia activa en la historia. Miró hacia adelante, pero nunca apartó la mirada de quienes quedaron al costado del camino.
Bernal cerró su homilía con una promesa personal y pastoral. Afirmó que, mientras él viviera, el aniversario del fallecimiento de Raúl Trotz nunca pasaría como un día más.
La frase condensó el sentido de toda la ceremonia. No se trató solamente de recordar a un sacerdote muerto el 11 de julio de 2024, sino de asumir la responsabilidad de preservar y proyectar una forma de vivir el Evangelio.
Una imagen de hace casi 27 años
Entre quienes participaron de la conmemoración estuvo el exintendente de Morón Martín Sabbatella, cuya presencia remitió también a una historia de acompañamiento compartido con Trotz y Bernal.
La fotografía histórica que acompaña esta crónica fue tomada en diciembre de 1999, hace casi 27 años, durante un pesebre viviente realizado en los primeros días de la gestión de Sabbatella al frente del Municipio de Morón.

La imagen reunió a Raúl Trotz (izquierda), Martín Bernal (derecha), y al entonces recién asumido intendente Martín Sabbatella. Aquel registro conservó un momento temprano de una relación que se sostuvo durante los años posteriores, en los cuales el gobierno municipal acompañó distintas iniciativas pastorales y comunitarias, al mismo tiempo que recibió el acompañamiento de los sacerdotes en numerosos momentos de la vida institucional y social del distrito.
La caminata hacia la ermita
Para finalizar la misa, la feligresía salió de la Catedral y marchó en procesión hasta la ermita parroquial donde reposan los restos de Trotz.
La caminata trasladó el recuerdo desde el interior del templo hacia el lugar concreto de su descanso. Familiares, amigos y miembros de la comunidad acompañaron ese último tramo de la conmemoración con el recogimiento propio de quien no se despide, sino que vuelve a visitar a alguien que permanece cerca.
Allí, donde descansan los restos del conspicuo sacerdote moronense, las palabras pronunciadas durante la misa adquirieron una dimensión definitiva.
Dos años después de su partida, Raúl Trotz volvió a reunir a su familia, a sus amigos, a sus discípulos y a su comunidad. Y mientras la procesión se detuvo frente a su sepultura, quedó claro que su paso por Morón no pertenece únicamente al pasado.


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