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MIRADAS. De Resistencias y Golpes: Memoria y reflexión del 17.º Aniversario de la Resistencia Popular y el Golpe de Estado.

Para quienes pusimos el cuerpo en las marchas en el 2009, la Resistencia Popular no es un concepto teórico ni un archivo muerto; es el recuerdo intacto del calor de la calle, el gas lacrimógeno compartido y la certeza de sabernos pueblo. Sin embargo, a cinco meses del estallido electoral de 2025 y bajo la sombra de un presente cínico que opera con manuales mediáticos sofisticados la memoria se vuelve nuestra única herramienta para descifrar el laberinto.

Por: Estefania Aguilar Guandique

Honduras cambió para siempre un 28 de junio, y volvió a sacudirse un 30 de noviembre.

Para quienes pusimos el cuerpo en las marchas en el 2009, la Resistencia Popular no es un concepto teórico ni un archivo muerto; es el recuerdo intacto del calor de la calle, el gas lacrimógeno compartido y la certeza de sabernos pueblo. Sin embargo, a cinco meses del estallido electoral de 2025 y bajo la sombra de un presente cínico que opera con manuales mediáticos sofisticados y algoritmos a su favor, la memoria se vuelve nuestra única herramienta para descifrar el laberinto. Este artículo es un viaje por las costuras rotas de nuestra democracia: desde la camisa de fuerza de la Constitución de 1982 y las contradicciones del Partido Liberal, hasta la irrupción de una izquierda que desafió la clandestinidad. Hoy, entre la feroz ofensiva de una derecha que busca proscribir el cambio y la nostalgia agridulce de lo que fuimos, volver al origen con la honestidad de lo vivido es vital para no perder el rumbo.

1. El Mito de la Estabilidad y la Constitución del 82

La narrativa oficial de Honduras insistió, durante décadas, en que el país gozaba de una «democracia ejemplar» y una estabilidad envidiable. Sin embargo, la Constitución de 1982 no nació de un pacto social genuino ni de las aspiraciones genuinas del pueblo en las calles. Fue un diseño jurídico bajo la tutela de Washington en plena Guerra Fría, un mecanismo de contención para evitar que la chispa de la Revolución Sandinista cruzara el río Guasaule. La ironía se encuentra en que siendo ésta la constitución que conformaron las élites, ha sido interpretada bajo el antojo de quien estaba de turno en el poder al servicio de ellos mismos..

2. El Alma Dividida del Partido Liberal: Un Quiebre Anunciado

El Partido Liberal de Honduras nunca fue un bloque homogéneo. En su seno coexistían dos almas en tensión latente que reflejaban visiones de país opuestas. Por un lado, se erigía la facción tradicional y conservadora, estrechamente ligada al poder económico transnacional y a las élites locales. Por el otro, latía una corriente con arraigo popular, sensibilidad social y una fuerte tradición reformista siguiendo la línea de Modesto Rodas y los hermanos Reina.

La llegada de Manuel Zelaya Rosales (Mel) a la presidencia en 2006 aceleró de forma irreversible estas contradicciones heredadas. Al chocar una y otra vez contra el muro de la cúpula conservadora que integró parte de su gobierno para implementar reformas estructurales básicas, Mel Zelaya comenzó un giro estratégico hacia la izquierda y un acercamiento con el bloque del ALBA. Este movimiento rompió definitivamente el viejo cascarón partidario, provocando la enemistad abierta con la cúpula empresarial y política del partido (personificada más tarde en Roberto Micheletti) y abriendo las compuertas para la reconfiguración histórica del país.

3. La Cuarta Urna y la Trampa Mediática del «Continuismo»

La iniciativa de la Cuarta Urna fue, en esencia, un ejercicio de audacia democrática: una consulta popular elemental, no vinculante, para preguntarle al soberano si deseaba instalar una Asamblea Nacional Constituyente en los comicios de noviembre. Esto era lo opuesto a una imposición, era una pregunta. Sin embargo, las élites políticas, empresariales y los grandes medios de comunicación corporativos construyeron un relato de terror. Desviando el debate de fondo (la democratización de la Constitución), instalaron la matriz del «continuismo» y la «intromisión extranjera». Convirtieron el derecho a decidir en una amenaza existencial e ideológica, preparando el terreno psicológico para lo impensable.

4. El Estallido: El Encuentro en las Calles y el Fin del Mito

El 28 de junio de 2009, el secuestro y expulsión del presidente legítimo rompió la fachada institucional con una “renuncia” falsificada y la imposición de un mandatario de facto. Pero el golpe de Estado provocó un fenómeno inédito. La izquierda hondureña y los movimientos sociales populares no partían de cero; cargaban sobre sus hombros décadas de dignidad acumulada, sosteniendo luchas históricas contra el despojo agrario, la explotación transnacional y la entrega de la soberanía. En un país sumido en una profunda indiferencia y bajo la influencia directa y asfixiante de los Estados Unidos, estos colectivos ya habían pagado con persecución, desapariciones forzadas y exilio el costo de oponerse a la Doctrina de Seguridad Nacional durante la Guerra Fría.

Por eso, aquel 28 de junio tomaron una decisión histórica: salir a las calles no para defender el color de un partido tradicional, sino para resguardar la institucionalidad democrática y, sobre todo, la posibilidad real de transformación social que la consulta abría. Cada ataque, cada amenaza y todo aquello que molestaba a las élites recalcitrantes fue entendido por las bases populares como una confirmación de que el rumbo tomado era el correcto.

En ese pavimento caliente se produjo el gran catalizador: la izquierda organizada, los movimientos sociales históricos (campesinos, indígenas, sindicales y estudiantiles) y la ciudadanía no organizada se articularon de forma orgánica con la base liberal descalza que se sentía profundamente traicionada por sus propios jerarcas. El viejo mito de la izquierda como un «enemigo interno» minoritario, marginal y clandestino, construido por los manuales de Washington, se disolvió bajo el sol de las movilizaciones. Nació una batalla ideológica abierta que sacudió los cimientos del país, rompiendo la hegemonía totalitaria de los medios de comunicación y polarizando a la sociedad hasta las entrañas de las propias familias. Honduras ya no volvería a ser la misma.

5. El Nacimiento de la Resistencia  Popular y su Legado Activo

En medio de la brutalidad de los gases lacrimógenos y los toques de queda, floreció algo hermoso. El Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP) se convirtió en el epicentro donde convergieron comunidades indígenas, campesinos, colectivos feministas, organizaciones de la diversidad, gremios docentes, estudiantes, artistas, sindicatos y miles de ciudadanos independientes que jamás habían militado. 

Destacan entre sus voces más potentes y reconocidas la de Berta Cáceres por ejemplo, quien desde el COPINH y hasta las calles de Tegucigalpa llevó la bandera de los pueblos indígenas a la primera línea de la Resistencia.

La Resistencia Popular demostró el poder de un pueblo que se descubre unido y con dignidad. Años más tarde, ese empuje acumulado en el asfalto mutó en herramienta político-electoral, dando vida al Partido Libertad y Refundación (LIBRE), con la promesa de materializar en el Estado las demandas nacidas en la insurrección pacífica de 2009.

6. El Presente Histórico: Entre la Hostilidad de la Derecha y las Emociones Mixtas

Hoy, los ecos de 2009 resuenan con lucidez. La derecha hondureña se ha vuelto aún más hostil, y más sofisticada en la aplicación los mismos manuales de la campaña mediática del pasado: discursos de odio y el fantasma del caos cada vez que el gobierno de la Presidenta Xiomara Castro intentó tocar los privilegios fiscales, revisar los contratos o recuperar la soberanía. Cabe mencionar que ningún proceso es perfecto, pero los desaciertos de algunos funcionarios del Gobierno pasado se convirtieron en el combustible de una maquinaria publicitaria empeñada en exagerarlos para escandalizar a la población. Queda claro que los errores de la izquierda se pagan mucho más caro que los de la derecha. 

Esto provocó una bomba de tiempo que empezó a formarse, estallando finalmente el 30 de noviembre del 2025. Esto nos trae al día de hoy, 5 meses después del autodenominado “Gobierno de la Racha”, producto de una combinación de aristas (la injerencia extranjera, las miles de actas sin contabilizar y la guerra mediática) que se conectaron de forma directa, moviendo la balanza injustamente hacia otra trinchera: la disputa entre un Consejero que buscaba la verdad y dos Consejeras del bipartidismo. A ellas, el aparato mediático tradicional las convirtió en celebridades mientras actuaban como defensoras de un proceso trunco. Aquella proporción de 2 a 1 pasó a ser la norma en las pantallas; los medios normalizaron este debate para hacer creer a la opinión pública que la democracia funcionaba de forma legítima, ocultando que se gestaba algo más turbio: Un Golpe Electoral. Todo esto comenzando con la persecución, orquestando un show mediático con el juicio político (carente de rigor procedimental) contra el Consejero Marlon Ochoa y su salida del órgano electoral, marcando de forma agresiva el regreso de una derecha abiertamente amenazante y más peligrosa que nunca. 

El plan de la derecha fue expuesto con una claridad quirúrgica a través de los audios difundidos por el Consejero en octubre de 2025 y, posteriormente, por las revelaciones de Diario Red en abril de 2026. Estas pruebas destaparon una hoja de ruta que se ha venido cumpliendo al pie de la letra, y que además anuncia el retorno político del capo que usurpó la presidencia mediante dos fraudes electorales en nuestro país. Se trata de la ironía más perversa de nuestra historia reciente: el regreso a escena de Juan Orlando Hernández, el mismo personaje que violó flagrantemente la literalidad de esa misma Constitución por la cual la derecha se rasgó las vestiduras en aquel junio de 2009. 

 La evolución de la derecha en Honduras (o como yo le llamo, el despojo de la máscara de la misma) se ha vuelto más cínica y sus métodos más afinados, no solo porque vienen operando desde las trincheras mediáticas, jurídicas y parlamentarias para bloquear cualquier cambio estructural. Es por que esta vez, el algoritmo está configurado a su favor.  Y funcionó en la masa de electores indecisos que cayeron en la trampa.Generando consecuencias directas en el día a día de todos los hondureños, incluyendo a sus mismos votantes.

Actualmente, el gobierno pretende borrar incluso cualquier rastro del primer gobierno de una mujer en Honduras, (que al mismo tiempo, rompió con décadas de gobiernos del bipartidismo) incluso insinuando la proscripción del partido y de cualquier cosa que huela a LIBRE o a aquel recuerdo de la Resistencia Popular, siguiendo el mandato de Trump para la región. Siendo ésta su primera prioridad.

A las puertas del presente actual, aquel empuje aglutinador de la Resistencia provoca hoy emociones profundamente mixtas. Por un lado, se respira una densa nostalgia: el recuerdo de la algarabía de las marchas, la solidaridad del agua compartida entre compañeros, el calor de la calle y la certeza de estar del lado correcto de la historia. Por otro lado, cala el sabor amargo de la contradicción. A veces se siente la frustración colectiva de haber luchado tanto, de haber puesto el cuerpo y muertos, para enfrentar inercias y retrocesos que duelen en el alma todos los días. 

Aún no nos recuperamos de aquel 30 de noviembre del 2025. Sin embargo, si algo nos enseñó el 28 de Junio del 2009, es la hermosa capacidad que tiene un pueblo de organizarse ante un panorama sombrío. 

Desconocemos cuánto durará la penumbra política en nuestro país, que apenas se reinicia pero la memoria de la Resistencia Popular no es para nada un archivo muerto; es para mi y para muchos hondureños, un recordatorio de que el poder del pueblo hondureño no emana de los despachos, sino de su capacidad de encontrarse, reinventarse, resistir y volver a caminar. Que por más oscuro que sea el panorama resistiremos y venceremos.

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