Sociedad

Efemérides. 26 de enero, la vigencia del cura Brochero.

Al conmemorarse un nuevo aniversario de su nacimiento hacemos memoria para ayudarnos en el presente a buscar caminos posibles de construcción de la justicia, la fraternidad y la solidaridad.

Por Luis Miguel Baronetto*

El 16 de marzo de 1840 nació en Santa Rosa de Río Primero, Pcia. de Córdoba, José Gabriel del Rosario Brochero, que adquirió fama como el “Cura gaucho”, no sólo por su porte externo que lo asimiló a las costumbres de la época en la zona serrana donde ejerció su sacerdocio, sino por su pastoral encarnada en el servicio a los más pobres. La memoria popular, por muchos años especialmente a través de la tradición oral, preservó su testimonio de compromiso desde la fe cristiana y los valores evangélicos, hasta que fue canalizado institucionalmente en el largo proceso de canonización.

Al conmemorarse un nuevo aniversario de su nacimiento hacemos memoria para ayudarnos en el presente a buscar caminos posibles de construcción de la justicia, la fraternidad y la solidaridad, desde la lucha por mejorar la calidad de vida de los más necesitados.

¿Cuáles son algunos aspectos de la vigencia del testimonio de Brochero?

Lectura de la realidad

Lo primero que el joven sacerdote, de 29 años, hace al llegar a su extensa parroquia en el Valle de Traslasierra es constatar la marginación de los serranos y la postergación de la zona, ocasionada principalmente por la ausencia de vías de comunicación con los centros de desarrollo. También descubre las enormes potencialidades de las riquezas naturales no explotadas. Pero sobre todo valoriza a su gente, y contribuye a su autovaloración, promoviendo la organización y participación en las obras de progreso social y espiritual que emprende.

Elaboración del proyecto

El Cura Brochero no impone un proyecto predeterminado. En base a la realidad que va conociendo y a su opción fundamental de servicio desde su rol sacerdotal construye con su gente un proyecto inclusivo que abarca un proceso de dignificación de las personas. Aunque formado en la teología dominante de su época, no se restringe a la salvación del alma, ni se limita a un rol cultual. Actúa sobre todos los aspectos que tienen que ver con la vida de la gente (a través de los ejercicios espirituales, la catequesis, mejores condiciones de vida, educación, canales de rieg, organización en cuadrillas para hacer los caminos, generación de empleo, nuevas oportunidades formativas y de capacitación para las mujeres, promoción del turismo, la minería y la implantación de peces, instalación del Banco de Córdoba, etc).

Un proyecto de vida se va construyendo con las acciones de la vida cotidiana y las proyecciones que se van elaborando a partir de un conjunto de elementos proporcionados tanto por la realidad objetiva como por la propia subjetividad. Podemos ejemplificar diciendo que como las mulas o los burros se cargan dos alforjas o árganas: En una son llevadas las convicciones, motivaciones, sueños, ilusiones, objetivos, etc. Y en la otra se van cargando las realizaciones, lo que en concreto se va haciendo realidad, que a su vez abre nuevas posibilidades, descubrimientos, motivaciones, etc.

Proyecto transformador

El proyecto que se va plasmando en la realidad donde actúa el P. Brochero no se reduce a lo asistencial. Sin dejar de dar respuesta inmediata a los problemas que le surgen cotidianamente, procura abordar soluciones de fondo. Caracteriza correctamente que el principal problema estructural es la incomunicación a que estaba condenado el oeste transerrano, impidiéndole la integración regional y una adecuada explotación de sus riquezas naturales. Por eso es estratégica la apertura de caminos y – la obsesión de su vida – su proyecto ferroviario, que atraviesa treinta años de su acción pastoral, sin que pueda concretarse a causa de la política ferroviaria del momento, estrechamente ligada a los intereses británicos.

En lo eclesial

Brochero tiene clara su misión como sacerdote, aún en el contexto donde la institución eclesiástica se enfrenta a la imposición del liberalismo que representa la Generación del 80, instalada en el gobierno. El Cura de las Sierras prioriza lo fundamental, que es el Evangelio. Y pone en segundo lugar los intereses institucionales de la organización eclesiástica, especialmente cuando se da el conflicto por las leyes civiles de matrimonio, registro civil y educación. Esto, sin embargo, no implica ningún apartamiento de la vida institucional de la Iglesia católica. Todo lo contrario, el Cura Brochero participa en el Sínodo Diocesano, aplica en su parroquia las disposiciones relacionadas a la administración de los sacramentos y a la catequesis; y se muestra disciplinado a la autoridad del obispo, a quien trata siempre con respeto, cortesía y humor cordobés. Pero, seguro de su opción, actúa con absoluta y plena libertad, priorizando su fidelidad al pueblo y al evangelio, lo que en más de una ocasión le genera conflictos intraeclesial, que sabe resolver con prudencia, sencillez, honestidad y firmeza de convicciones.

Metodología participativa

La fidelidad al pueblo, que Brochero encarna en el contacto directo y en el diálogo con los serranos, incluye una metodología participativa. Promueve la organización y participación ciudadana en la gestación de las transformaciones que son para el bien de la comunidad. En lo educativo impulsa, en el Colegio de Niñas de su creación, criterios pedagógicos que ponen en el centro a la persona.

Sabe promover la creatividad y potencialidades de la gente, dejando que asuman su protagonismo en la realización de las diversas obras públicas. Pero también es consciente que hay problemas que deben resolverse desde la órbita estatal y por eso le reclama al gobierno lo que debe reclamarle. En función de ello utiliza las relaciones políticas cultivadas desde sus años de estudiante y también cuestionadas en su tiempo. No deja sin embargo de ejercer la denuncia profética cuando el accionar del gobierno olvida sus obligaciones. Y así dirá: “A los departamentos del oeste les pasa lo mismo que a los perros en la carneada. Todos se llevan las mejores partes y a los perros les tiran las tripas con todo lo que tienen adentro”.

La persona de Brochero

Nacido en un hogar pobre, no utiliza la carrera eclesiástica como modo de ascenso social, como es común en la época. Se mantiene fiel a su origen. Y en esa fidelidad hace realidad su opción por los pobres hasta su muerte. Ciego, leproso y pobre.

Lo acredita “Mi Testamento y última voluntad”, escrito el 15 de noviembre de 1910 en Villa Santa Rosa, de Río Primero.

“Que me hagan un cajón con madera de pino, como para que el carpintero se gane unos panes.” Y “ Que vendan el cáliz, el copón…y una vez reducidos a plata se lo den a los pobres para que un día siquiera puedan gastar a su albedrío, y ojalá les tocase de a cien pesos”. Lo mismo hagan con los libros: “El valor de algunos que vendan lo den a los pobres, en mi nombre, o sea por mi alma”.

Para Brochero la salvación de su alma está ligada a la decisión de compartir sus bienes con los pobres. Este ha sido el testimonio de toda su vida. Y, por cierto, no es poca cosa!

*Artículo publicado en Revista Tiempo Latinoamericano n° 108. https://revistatiempolatinoamericano.com/rev/108/TL-108S20.pdf

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