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MIRADAS. ARGENTINA. AMBA. MORÓN. «La Hora de las Ratas»

Un violento asalto ocurrido a pocas cuadras del domicilio histórico de Lucas Ghi expuso otra vez la inseguridad que avanza en El Palomar. Mientras el Municipio construye una retórica de orden, las calles de Morón muestran una realidad marcada por el delito, la suciedad y una degradación urbana que alcanza incluso al centro comercial del distrito.

Por Jaime Rorjas

Cuatro delincuentes interceptaron este domingo por la mañana a un vecino que sacaba su camioneta del garaje de su casa, sobre la calle Ramón Falcón, entre Bulnes y Dinamarca, en El Palomar. Las cámaras de seguridad del domicilio registraron el momento desde distintos ángulos: la llegada de los asaltantes, el abordaje y la impunidad con la cual actuaron en plena luz del día.

El episodio ocurrió, además, a pocas cuadras del domicilio del intendente Lucas Ghi. El dato no implica que la zona merezca un privilegio especial, pero derrumba cualquier ficción sobre la existencia de sectores protegidos: cuando un robo de estas características sucede en el propio territorio cotidiano del jefe comunal, la propaganda queda reducida a una escenografía incapaz de contener la realidad.

El delito detrás de la propaganda

La inseguridad se intensifica en El Palomar, pero no constituye un fenómeno aislado. Castelar, Haedo, Morón y Villa Sarmiento también acumulan denuncias por robos, arrebatos, entraderas, hechos violentos y ausencia de prevención territorial.

QuintoPoder.ar ya advirtió sobre el crecimiento del reclamo vecinal, la falta de patrullaje, las deficiencias del sistema de monitoreo y los anuncios municipales que todavía no lograron traducirse en una política de seguridad consistente. La promocionada policía municipal, presentada como una respuesta inmediata, apareció atravesada por dudas presupuestarias, administrativas y legales.

La autodenominada “Gestión Lucas Ghi” intenta contrarrestar ese deterioro con una comunicación de impronta filoderechista: discursos de orden, despliegues para las cámaras, anuncios efectistas y una estética securitaria que busca transmitir autoridad. Sin embargo, el delito no se combate con piezas publicitarias ni con una narrativa importada de la agenda nacional.

La responsabilidad penal y operativa corresponde a la Policía y a la Justicia, pero el Municipio no puede presentarse como un espectador. La prevención territorial, la iluminación, el mantenimiento de las cámaras, la recuperación de los espacios públicos y la coordinación con las fuerzas de seguridad también integran sus obligaciones políticas.

La ciudad que emerge de madrugada

El abandono municipal tampoco se limita a la inseguridad. La falta de planificación en la limpieza y la higiene urbana ya no permanece escondida en las periferias más postergadas. Basta caminar por el centro comercial de Morón entre las cuatro y las seis de la mañana para presenciar, sin eufemismos, la hora de las ratas.

El video que acompaña esta nota muestra a los roedores desplazándose por las veredas céntricas durante la madrugada. Quien tomó las imágenes aseguró que la escena resultó mucho más espeluznante en vivo y en directo. Sólo logró filmarla desde lejos, después de reunir coraje y comprobar que no se trataba de una aparición excepcional: el espectáculo se repite noche tras noche, con una cantidad de animales cada vez mayor.

Las ratas no representan sólo una postal desagradable. Constituyen la expresión visible de un circuito sanitario quebrado: residuos que permanecen en la vía pública, horarios de recolección desarticulados, veredas sin limpieza suficiente y controles incapaces de prevenir la proliferación de plagas.

Nuestro medio ya señaló que la higiene urbana, la iluminación, la transitabilidad y la seguridad se convirtieron en algunos de los principales indicadores del deterioro de la administración local. La crisis dejó de poder explicarse por hechos ocasionales y comenzó a revelar una falla estructural en la capacidad de gobierno local.

Un distrito sin conducción

El asalto de El Palomar y las ratas del centro parecen pertenecer a problemas diferentes. Sin embargo, nacen de una misma matriz: la retirada del Estado municipal de la calle.

Cuando la planificación cede su lugar a la improvisación, el espacio público queda a merced del delito, la mugre y la degradación. Cuando el gobierno reemplaza la gestión por propaganda, los vecinos quedan obligados a protegerse con cámaras privadas, organizar reclamos y documentar aquello que el Municipio pretende no ver.

Morón no necesita una marca personal. Necesita un gobierno que limpie, prevenga, coordine y administre.

Porque la hora de las ratas no comienza a las cuatro de la mañana. Comienza cuando quienes deben gobernar abandonan la ciudad y apagan la luz.

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