Estados Unidos tras seis décadas sin poder doblegar a Cuba ni a su Revolución, ahora redobla todavía más la presión genocida sobre la isla. Esta vez sobre su infraestrcuctura de inversiones con terceros países y en la médula de su economía, que es el turismo. Quizás Donald Trump pase a la historia como el más criminal de los presidentes estadounidenses, luego de Harry Truman. Aquí el texto y el análisis de un cubano que explica la esencia de esta nueva forma de genocidio contra Cuba,
Por Ikay Romay
Esta noticia me golpea, pero no me derrumba. Y quiero compartir con ustedes lo que realmente está pasando, porque aquí hay mucha tela que cortar.
Iberostar acaba de anunciar que a partir del 1 de junio de 2026 deja de operar 12 de sus hoteles en Cuba. Eso incluye el Packard, el Selection La Habana y varios en Varadero. No es una decisión técnica ni un «reajuste de mercado». Es un tiro directo a la economía cubana, justo cuando más débiles estamos.

Las resoluciones unilaterales de Donald Trump son un crimen de lesa humanidad contra Cuba y los cubanos.
¿Y qué hay detrás de esto? Detrás de estos hoteles hay familias cubanas enteras.
Cientos de trabajadores: camareros, cocineros, recepcionistas, jardineros, personal de limpieza, administrativos. Gente que madrugaba, que sudaba la camisa, que llevaba el pan a su casa gracias a ese empleo. Gente que ahora, de la noche a la mañana, se queda en la calle sin saber qué va a ser de los suyos.
No son números. Son vidas. Son madres y padres que se preguntan qué van a poner en la mesa mañana. Esa es la cara humana de esta decisión. Y nadie les va a devolver el sustento que hoy les arrebatan.
¿Por qué ahora? La respuesta no está en La Habana, está en Washington. El 5 de junio vence el ultimátum para que las empresas internacionales corten cualquier vínculo con Cuba. Los bancos extranjeros están aterrados. Las cadenas hoteleras también. El pánico lo sembró Trump con sus órdenes ejecutivas, y las sanciones secundarias son la guillotina que tienen colgada sobre la cabeza.
¿Qué significa esto? Que estamos ante una nueva fase del bloqueo: la desinversión forzada. Primero nos quitaron el combustible. Luego nos bloquearon la banca. Ahora nos expulsan a los inversionistas turísticos. Todo orquestado para que la Isla se quede vacía, sin divisas, sin movimiento, sin vida.
Y mientras esto pasa, la Unión Europea y los gobiernos latinoamericanos miran hacia otro lado. España, que presume de lazos históricos con Cuba, ni siquiera hace una declaración seria. La solidaridad internacional es un espejismo cuando el imperio aprieta de verdad.
Pero que no se confundan. Aquí no se va a regalar ni una lágrima. Esa cadena puede irse, y con ella todo su capital. Aquí se quedan nuestros hoteles, nuestros mares, nuestra gente. El turismo no lo hace el lujo de un edificio, lo hace el alma de un pueblo.
Lo que sí me indigna, y con razón, es que mientras los ejecutivos de Iberostar siguen cobrando sus bonificaciones millonarias desde sus oficinas en Madrid y Miami, aquí hay padres de familia preguntándose qué van a hacer a partir del lunes.

A esos ejecutivos, que duermen tranquilos, les digo: ustedes pueden irse, pero la conciencia no les va a dejar en paz. Porque detrás de cada llave que entregaron, hay una familia cubana que se queda en el aire. Ojalá que el dinero no les borre la memoria de lo que dejaron atrás.
Esto es una prueba de fuego. Y duele, porque sabemos lo que significa perder divisas y empleos en un momento como este. Pero la historia nos ha enseñado una cosa: cuando nos quitan todo, es cuando más inventamos. Cuando nos aprietan, es cuando más resistimos.
Así que a Iberostar le digo: si se van, que se vayan. La Isla sigue aquí, con o sin ustedes. Y nosotros, los que nos quedamos, seguiremos defendiendo lo que es nuestro.
Con la voz en alto, con la rabia puesta en el verdadero culpable, y con la certeza de que Cuba no se rinde.
Por los que se quedan sin empleo, por los que madrugaron en esos hoteles, por los que hoy no saben qué hacer. Por ellos, la lucha sigue.


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