- Por Jaime Rorjas
La sugerente pregunta realizada públicamente por el periodista Adrián Noriega en su programa Primer Plano, sobre si Juan Horacio «Juanchi» Zabaleta puede llegar a ser candidato a intendente de Morón por el peronismo, llevó la memoria de muchos a la disputa electoral del año 2003, donde hicieron su debut las tijeritas que le dieron una estrepitosa victoria al entonces intendente Martín Sabbatella. 53 % obtuvo Sabbatella (más del 35 % con corte de boleta), contra un magro 19 % de «Juanchi». Aquella contienda terminó con un Sabbatella fortalecido y un Morón reconocido nacional e internacionalmente por sus políticas innovadoras, principalmente en materia de transparencia, obras públicas comunitarias, recuperación de espacios verdes y solvencia económica.
Del otro lado quedó un «Juanchi» degradado, traicionado por sus propios compañeros y repudiado socialmente. Pero si hay alguien que supo siempre que la vida se trata de caerse y levantarse permanentemente, ese es «Juanchi».
Y desde las ruinas, acompañado por algunos pocos dirigentes políticos nacionales que lo ayudaron, cruzó la autopista, se instaló en el incipiente municipio de Hurlingham. Y, vaya paradoja, dijo: «Voy a hacer lo que me enseñó Sabbatella, voy a tocar todos los timbres, voy a besar a todo el mundo y voy a ser intendente de Hurlingham». Y lo logró.

Un recorrido inesperado
«Juanchi» fue intendente pero antes trabajó en la Anses conducida por Sergio Massa primero y por Amado Boudou después. Resucitó de entre las cenizas y fue intendente de Hurlingham, coqueteó con la posibilidad de ser gobernador y terminó siendo ministro de Desarrollo Social de Alberto Fernández. A su regreso al municipio, La Cámpora del concejal en ejercicio de la intendencia, Damián Selci, ya se había quedado con todo. Tanto, que volvió a conocer el polvo de la derrota.
Sin que nadie se diera cuenta, empezó a habitar los desolados pasillos del palacio municipal de Morón y, ante un Lucas Ghi solitario, deprimido y perdidoso, terminó siendo su perfil más visto. Incluso más que otros pretendidos operadores como Adrián Grana, José Campagnoli y Guillermo Pascuero. Todos creados por Sabbatella y ninguno peronista.
La Peronización de Ghi
Tanto se diferenció Lucas Ghi de su creador, que dejó de ser a su imagen y semejanza. En el olvido dejó sus largas tertulias antiperonistas y, aunque con pudor, empezó a ver a Juan Domingo Perón con un poco más de simpatía. Tanto que desprecia a sus amigos y militantes de Nuevo Encuentro y se rodeó de dirigentes como Néstor Achinelli (ex secretario de Servicios Públicos de Juan Carlos Rousselot y preso por peculado), Oscar Álvarez (ex presidente del Concejo Deliberante también en la era Rousselot), Enrique «Quino» Duyhailo y Claudio Román, actuales jefes del PJ que rememoran, como nunca, lo que fue el menemismo y el rousselotismo noventista.
Ghi se hunde y todos saltan
Con su imagen pública por el piso, con un municipio que no puede colocar ni una lamparita y vaciado económicamente, Ghi intentó, sin éxito, colocar como recambio político a su hermano, José María, y a «su jefa» de Gabinete, Estefanía «Tofi» Franco.
Pero como dice la jerga, «los peronistas huelen sangre y atacan». Por eso no parece ilógica la interpretación de Noriega de que «Juanchi» quiera ser intendente de Morón, aunque en la actualidad sea concejal de Hurlingham.
Pero hoy todos se le animan al intendente, por eso ya le salieron al ruedo el ministro de Transporte de la Provincia de Buenos Aires, Martín Marinucci, y el empresario del sector salud Gustavo Ferreyro.
De todos estos peronistas que rodean a Ghi puede salir su candidato a intendente en 2027. Si es Juanchi, volverá a enfrentarse con Martín Sabbatella. Cual déjà vu de la política moronense.
¿Y Ramiro Tagliaferro?


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