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Las medidas del presidente de Uruguay

Sábado, 22 abril, 2022

Por Leandro Grille

Las medidas económicas adoptadas por el gobierno son modestas, insuficientes, no alcanzan ni por asomo para compensar el deterioro del salario real continuo desde que asumió la presidencia Luis Lacalle Pou, el 1º de marzo de 2020. Para colmo, no está nada claro si los aumentos que se aplicarán a partir de julio para salarios públicos y jubilaciones son, en rigor, un aumento o si son un adelanto de los aumentos previstos para el próximo año, con lo que no es posible, por el momento, discernir si se tratan de incrementos reales o de vales a cuenta.

Sin embargo, conviene poner el foco en la política y no en la economía para explicar esta iniciativa cuestionadas por empresarios y por los economistas más realistas que el rey, porque es evidente que Lacalle Pou tomó estas medidas con una mirada en las encuestas y no en los padecimientos que viene sufriendo la gente corriente.

¿Qué nos dicen estos anuncios tan poco coherentes con su gestión hasta el día de hoy en términos políticos? Primero, que el gobierno tomó nota del resultado del referéndum y lejos de estar exultante por haber conservado los artículos impugnados de la Ley de Urgente Consideración, siente la respiración de la izquierda en la nuca y anticipa una caída rápida y pronunciada del respaldo social si continúa aplicando a rajatabla su política de ajuste. En segundo término, que la coalición es un territorio de nerviosismo y presiones que ya no pueden ser completamente ignorados. Sus dos socios mayoritarios, Ciudadanos, el sector más votado del Partido Colorado, y Cabildo Abierto, quieren que se tomen medidas económicas todavía más potentes y bastante más cercanas a las propuestas por la oposición, porque se dan cuenta de que su base social y electoral está desesperada por el aumento incontenible de precios y la caída del poder adquisitivo. Y si el gobierno no hace nada para mitigarlo, ya ven que sus votos van a rajar hacia tiendas opositoras en breve, si es que ya muchos no se tomaron el palo.

Ahora bien, tan palmaria es la explicación política de los anuncios del presidente que, por cierto, son anuncios para dentro de tres meses, durante los cuales el salario real seguirá cayendo, como la explicación de su tibieza y su carácter no focalizado: el equipo económico es liderado por un fanático que ni siquiera en el peor escenario político puede correrse mucho de su ortodoxia. Isaac Alfie es como es y, simplemente, no puede ser de otra manera, por lo que se va a encargar de que el gobierno no se aparte demasiado de su filosofía económica y, prisionero de su credo, va a conducirlo inexorablemente a la derrota.

La última encuesta de Equipos refleja ya la caída acentuada de la popularidad de Lacalle Pou, pero las próximas encuestas serán peores. Diluido el efecto pandemia, con un fracaso notable en seguridad pública, un gobierno que no tiene en agenda nada que le pueda brindar un ratito de popularidad, la economía familiar golpeada se va a terminar de comer cualquier hipótesis de sustento, y eso es imposible de arreglar con maquillajes y apósitos diseñados mal, aplicados a destiempo y con un impacto limitadísimo sobre los ingresos de la gente.

Mientras el Frente Amplio goza después de mucho tiempo de cierta tranquilidad y hasta optimismo, procesada una renovación de forma exitosa, con una base electoral próxima a la mitad de la población y con un gama de candidatos competitivos y bien posicionados, la oposición exhibe cada vez con más claridad sus propias grietas, que ya alcanzan a la propia interna del Partido Nacional, naturalmente a los partidos minoritarios de la coalición e incluso a técnicos y analistas que, hasta la fecha, no habían parado de hacer propaganda.

Lacalle Pou inició su tercer año de mandato, que en la práctica comenzó el 28 de marzo, consciente de que la cosas vienen mucho peor de lo que le anticipaban los sondeos, con una agenda de prioridades y reformas improbables, por no decir imposibles, o bien peleadas con la realidad, y sin poder asegurar los votos para proyectos claves que, por lo demás, ya sabe que suscitarán una resistencia enorme y, de llevarse a cabo, tendrán un costo político importante.

Por el momento, lo único que sacó de la galera fue un tímido aumento que la inflación se va a comer con fritas. Un anuncio en una dirección correcta, pero de un monto ínfimo; no va a resolver los problemas que tiene la gente y tampoco le va a sacar las castañas del fuego. Ciertamente, después de dos años de sacarte cosas, al menos son medidas en sentido opuesto, y eso cabe festejarlo, pero también da cuenta del nivel de desconexión del equipo económico con la realidad.

Fuente: CarasyCaretas – resumenlatinoamericano.org

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