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Antecedentes del imperialismo norteamericano en Uruguay.

Fecha: 10 agosto, 2021

Antecedentes del imperialismo norteamericano en Uruguay

Por Nicolás Centurión

No están fabricadas aún las páginas y los litros de tinta necesarios para dar cuenta de la historia del imperialismo norteamericano, el daño que ha infligido a la humanidad y los crímenes que ha cometido.

Escribir sobre el imperialismo estadounidense es hablar de cualquier pueblo oprimido del planeta, porque no debe existir territorio que no lo haya dañado aunque sea “colateralmente”. Sin embargo, no debemos tomar al imperialismo (este u otro de la historia) como un absoluto o total, porque entonces no habría posibilidad de resistencia ni de tumbarlo. Aunque sea como dice León Gieco “un monstruo grande que pisa fuerte” o nos sea más fácil imaginar el fin del mundo que el del capitalismo como dijera Frederic Jameson, es que debemos de volver pasos atrás para cambiar el presente.

Uruguay, este pequeño trozo de tierra ubicado en el paralelo 35, no fue excepción de los embates del imperialismo en esta esquina del globo. Es que decir imperialismo y América Latina nos retrotrae indefectiblemente a la década de los 70, pero para llegar a ese punto, debemos viajar un poco más atrás en el tiempo.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, donde Estados Unidos se posicionó como potencia, el escenario geopolítico se planteaba bipolar. Con su Doctrina Monroe (1823) ad eternum y la concepción de América Latina como patio trasero, en 1947 se instaló una oficina de la CIA a través de la misión diplomática en nuestro país.

El Partido Nacional volvió a ser gobierno en 1959 y por primera vez en el siglo XX. El colegiado presidencial era presidido por Benito Nardone. Líder ruralista, anticomunista y reclutado por la CIA un año antes que asumiera la presidencia, según el ex agente de dicha agencia, Howard Hunt.

Philip Agee en su libro Diario de la CIA, agrega a la lista de espías a Olga Clerici de Nardone, su esposa,  Juan José Gari, Nicolás Arrosa, Felipe Gil, Adolfo Tejera, Luis Vargas Garmendia (de uno de los clanes económicos más poderosos de Uruguay), Carlos Alberto Roca y Wilson Elso. A partir de la asunción del nuevo colegiado, las relaciones entre Uruguay y el imperio yanqui se estrecharon cada vez más.

Una investigación de Roberto García titulada La CIA y los medios en Uruguay. El caso Árbenz probó que esta agencia vigiló al presidente derrocado de Guatemala Jacobo Árbenz entre 1957 y 1959. Dicha operación fue la primera de este carácter y sentó las bases para otras en distintos países latinoamericanos como Cuba, Brasil, República Dominicana o Chile, entre otros.

El gobierno del Partido Nacional de 1959 tiene hitos poco gratos para el pueblo trabajador del Uruguay. Su Ministro de Economía, Cr. Eduardo Azzini, fue el responsable de la reforma cambiaria y monetaria de 1959 y de la primera carta de intención al FMI firmada por Uruguay. Muy nacionalistas, muy patriotas y en contra de lo foráneo, pero muy serviles a la hora de rendirse a los pies de los dueños del norte.

En 1961 Nardone recibió de manos del mismísimo Cardenal Spellman (el Cardenal Monedero) el diploma con el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad de Fordham[1], compartiendo ese honor con Trujillo y Somoza por ejemplo.

Ese mismo año, el 17 de agosto, una bala de la policía uruguaya con anuencia de la CIA, impactó en el profesor Arbelio Ramírez. La bala no iba dirigida para el profesor. Tenía como destino al revolucionario Ernesto “Che” Guevara. Esa noche había dado una gran oratoria para los estudiantes uruguayos en el Paraninfo de la Universidad de la República.

Según el libro de Magdalena Broquetas La trama autoritaria. Derechas y violencias en Uruguay (1958-1966) “En diciembre de 1963 la embajada depositaba esperanzas en la carrera política de (Juan María) Bordaberry y destacaba su perfil “genuinamente anticomunista y gran defensor de Estados Unidos”.

Esto contrasta con la visión del Uruguay como “la Suiza de América”, “la tacita de plata”, donde parece que en la década del 50 y 60 no pasaba nada y existía una democracia ejemplar.

El 15 de enero de 1965 la agencia Associated Press difundió información revelada por el New York Times sobre intentonas golpistas de militares uruguayos pero que no se habían animado a realizarlo. Además se suma la denuncia de un plan trunco para disolver el Parlamento, que se le atribuye al coronel Frank Willchrist, agregado militar de la embajada de Estados Unidos en Uruguay.

Los militares uruguayos iniciaron una larga noche de dictadura torturadora al servicio de Washington y sus intereses.

Estamos vislumbrando claramente que la CIA tenía planes golpistas en nuestro país diez años antes que se consumara el golpe de Estado e incluso un año antes que el golpe de Estado de Brasil en 1964.

Ya en 1965 se cerraba el pacto Onganía-Costa e Silva donde se explicita la necesidad de invadir Uruguay en caso de que hubiera amenaza de grupos subversivos. Esto se planificaría y estaría  a punto de ejecutarse años después. Tal es así que la élite militar brasileña diseñó el plan “30 horas” que consistía en la invasión a Uruguay debido al temor de los sectores conservadores de una posible victoria del Frente Amplio en las elecciones nacionales de 1971. Por eso pidieron apoyo al III Ejército del Brasil cuando gobernaba el dictador Emilio Garrastazu de Medici.

Bordaberry es el que a la postre resultará ser el presidente que venció de manera fraudulenta en las elecciones de 1971 y que en 1973 dio un golpe de Estado junto con las Fuerzas Armadas; conjurando la noche más oscura durante doce años de nuestra historia.

Casi cuatro décadas después, en 2009, en un documento de 1971 desclasificado por la CIA, el entonces presidente de Estados Unidos Richard Nixon le confesaba al primer ministro inglés Edward Heath que el gobierno de Brasil “había ayudado a arreglar las elecciones en Uruguay”.

La dictadura vino a llevar adelante un ajuste a la clase trabajadora, implantar el neoliberalismo y desgarrar el tejido social y organizativo que se venía forjando desde décadas atrás en el movimiento popular. En el imaginario social, como diría Castoriadis, la dictadura tenía que ser sí o sí para luchar contra la subversión. La guerrilla estaba derrotada, sus militantes estaban presos, muertos o exiliados. No importaba, ese no era el objetivo estratégico.

Se liberalizó la economía en medio de la crisis mundial del petróleo. La expansión del endeudamiento externo bruto pasó de 478 millones a 3919 millones de dólares entre 1973 y 1985. Agregado a esto la reducción del poder de compra de los salarios en un 60% comparado 1971 con 1984.

El golpe de Estado inauguró el neoliberalismo en Uruguay como en toda la región. Las cúpulas militares forjaron lazos de terror a través del Plan Cóndor en 1975 cuando se avecinaba una dictadura en Argentina y Chile ya estaba inmerso en dicho proceso. En 1974 Uruguay fue laboratorio del teatro de operaciones imperialistas con el llamado Vuelo cero. Se secuestró a militantes uruguayos en Argentina y fueron llevados a su tierra natal. Los militantes secuestrados pasaron a la historia como los fusilados de Soca (por el pueblo donde fueron ajusticiados). Solo quedó un sobreviviente, adrede, llamado Julio Abreu, que no era militante y lo dejaron vivo para que retratara las atrocidades que les cometieron a sus amigos.

Nuestros pueblos aún tienen heridas abiertas. Denunciar estos delitos de lesa humanidad no es simple denunciología sino que debe traducirse en lenguaje cotidiano. Hablar de imperialismo puede sonar muy lejano, abstracto o anticuado (por más vigente que sea). Por eso nuestra tarea es dar cuenta, que donde las barras y las estrellas han posado y posan sus garras es que una familia se destruye, asesinan un líder social, torturan un revolucionario, desaparece un joven estudiante, se recortan derechos y se derrumban naciones enteras.

Ante el imperialismo, es necesario la mancomunión de la gente, de los naides como decía Eduardo Galeano, porque como decía también el psicólogo jesuita Ignacio Martín-Baró: “ (…) la verdad de los pueblos latinoamericanos no está en su presente de opresión, sino en su mañana de libertad; la verdad de las mayorías populares no hay que encontrarla sino que hay que hacerla.”

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NOTAS:

[1]  Revista Reporter. Nro. 7 22 de febrero de 1961.

* Nicolás Centurión  es Licenciado en Psicología por Universidad de la República, Uruguay. Miembro de la Red Internacional de Cátedras, Instituciones y Personalidades sobre el estudio de la Deuda Pública (RICDP). Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, estrategia.la)

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