Internacionales

Cumbre por la democracia: una vieja política en un nuevo y cambiante espacio geopolítico

Por Yoselina Guevara

La administración de Joe Biden, a través de la página web del Departamento de Estado hizo pública la lista de los 110 gobiernos que han sido invitados a la Cumbre por la Democracia, la cual se celebrará los días 9 y 10 de diciembre vía online. Esta reunión es la muestra del resurgimiento de la línea política demócrata que puede ser de mucha utilidad para compactar a los países satélites aliados, bajo el credo universal estadounidense de “la democracia perfecta”.

Los invitados-aliados

En la lista de participantes se encuentran todos los miembros de la Unión Europea, con excepción de Hungría, una muestra de la intolerancia estadounidense, no tanto por las derivas del primer ministro Viktor Orbán, sino por su excesiva cercanía con Rusia y China, lógicamente estas dos últimas naciones fueron excluidas de la Cumbre.

Encabezando los invitados asiáticos se encuentra Taiwán, cuya presencia se daba casi por descontada y la cual es una muestra del apoyo norteamericano cada vez más frontal en su cruzada por la defensa diplomática y militar de Taipei. Lógicamente, esto ha molestado a China, cuyo presidente Xi Jinping ya había advertido a los estadounidenses que no “jugaran con fuego”; en declaraciones a la prensa Pekín, señaló este miércoles “China muestra su firme oposición ante esta invitación estadounidense a las autoridades de Taiwan”. En la lista aparece Pakistán, al cual Washington parece continuar considerándolo separable de Pekín.

Desde Suramérica formará parte de la Cumbre, el presidente de Brasil Jair Bolsonaro, cuyas muestras de autoritarismo le han dado la vuelta al mundo. Pero su invitación es un premio que le otorga la administración Biden por parecerse cada vez más Brasil a los Estados Unidos. Esto desde todos los ámbitos, tanto económico, social e inclusive en la gestión de la pandemia. Estarán presentes, además, los mandatarios de Argentina, Chile, Ecuador, México, Paraguay, Perú y Uruguay. No fueron incluidos Bolivia, El Salvador, Venezuela, Cuba y Nicaragua.

Joe Bidel al centro junto al presidente de México Andrés López Obrador (izq), y el canadiense Justin Trudeau



Se agrega a los convidados Irak, en el medio oriente, una invitación que responde a la necesidad táctica de utilizarla para frenar la expansión de la influencia iraní. No puede faltar a la cita, Israel, pero dejaron por fuera a aliados tradicionales como Egipto, Arabia Saudita, Jordania, Qatar y Emiratos Árabes.

Del continente africano participarán la República democrática del Congo, Kenia, Sudáfrica, Nigeria y Níger. No fue invitado Túnez, esto obedecería a que Washington sostiene que el golpe de estado está llevando al país al caos y esta nación no ha roto sus lazos con Turquía. Ankara tampoco figura entre los participantes, una punición para mantener la hostilidad contra Erdogán, aunque sean aliados en la OTAN.

Promesa electoral demócrata

Una de las promesas de Biden, durante su campaña electoral, en el área de la política exterior fue la recuperación del liderazgo de Estados Unidos, lo cual se lograría precisamente trabajando para consolidar los valores y principios democráticos en todo el mundo. Por ello, no es casualidad que el tema de la democracia y la necesidad de trabajar para preservar su funcionamiento y sus instituciones se sitúe en el centro de la política internacional de la actual administración de la Casa Blanca.

Debemos acostumbrarnos a que esta letanía de tratar de presentar a los Estados Unidos como la “democracia perfecta”, se repita constantemente durante este periodo de gobierno de Biden. Ese es precisamente uno de sus objetivos lograr replantear a la nación norteamericana como “modelo” a los ojos del mundo, una posición que, según la narrativa estadounidense, ocuparon durante gran parte del siglo XX. Pero, el mundo ha cambiado de manera veloz y sustancial en lo que va del siglo XXI y la política estadounidense que ha estado marcada en los últimos años por profundas tensiones, han puesto en entredicho su capacidad para representar un ejemplo de democracia para otros países.

Cada vez se le hace más difícil y complejo a Washington un discurso coherente con los valores democráticos y la defensa de los derechos humanos mientras promueven conflictos, invasiones, sanciones, bases militares   y toda clase de arbitrariedades a lo largo y ancho del planeta.  El contexto en el que ahora se encuentra Estados Unidos es más complejo y totalmente diferente al que marcó los momentos álgidos, y en gran medida superados, al cual algunos analistas denominan el “siglo americano”. Aunque sigan contando con un aparato político que incluya a los poderosos “Tanques de pensamiento” y las multinacionales de la comunicación.

Regreso del multilateralismo

La administración Biden, es consciente del nivel de dependencia de los Estados Unidos con el resto del mundo, no solo a nivel económico, de allí la necesidad de la construcción de una especie de gobernanza multilateral donde puedan tener el control que bajo el gobierno de Donald Trump se debilitó casi en su totalidad. Para este fin la narrativa de “la democracia” y “la defensa de los derechos humanos” puede ser un punto de apoyo.

La Casa Blanca, ha identificado plenamente a China y Rusia como potencias emergentes, por ello su interés en el caso del dragón asiático de frenar su presencia en las cadenas de producción transnacionales y, sobre todo, en los sectores estratégicos de desarrollo, con el objetivo de limitar su radio de acción, su influencia política de forma que no pueda seguir poniendo en peligro los intereses estadounidenses. En cuanto a Rusia, en los últimos años su poderío militar ha crecido de manera enorme, desplazando a los Estados Unidos en el rol global que se había apoyado en el hecho de ser una potencia militar inigualable. Es decir, esta línea política internacional norteamericana basada en el discurso de la defensa de la democracia y los derechos humanos es solo una fachada para tratar de debilitar tanto a China como a Rusia. Además, de frenar el posicionamiento de las potencias emergentes Biden se está dando a la tarea de fortalecer las relaciones con aliados, como Alemania y el Reino Unido, los cuales fueron denigrados y apartados durante los años de Trump. Esta Cumbre por la democracia, es el inicio de los movimientos que seguirá dando la Administración Biden, para tratar de ganar fuerza en el complicado espacio geopolítico internacional.

Fuente: revista Correo del Alba

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