Cultura Pueblos Originarios

Reflexión sobre la Muerte desde una mirada originaria (+ VIDEO)

Acaso el dilema más acuciante de la humanidad de todos los tiempos, ha sido y es ese anatema que llamamos muerte. El fin de nuestra existencia física fue abordado por filósofos, teólogos, chamanes, científicos y escritores de todos los siglos.

Por A. B.

Acaso el dilema más acuciante de la humanidad de todos los tiempos, ha sido y es ese anatema que llamamos muerte. El fin de nuestra existencia física fue abordado por filósofos, teólogos, chamanes, científicos y escritores de todos los siglos. También ha servido de eje para infinitas manifestaciones artísticas, constructos  religiosos y concepciones sociales, pero a pesar de ello continúa irresuelto. O lo que es lo mismo, sin respuestas definitivas.

De ahí su consagración como verdadero anatema humano y filosófico (del latín anathema, que significa malditoapartado). Si existe, o no, algún estado de conciencia luego de la muerte no ha sido comprobado por ningún método científico y los dogmas religiosos resultan incompletos o insuficientes para resolver esta cuestión de la metáfisica más pura.

En la mitología mexica Ometéotl es el dios de la creación, Ometecuhtli (El Señor dos) y Omecihuatl (La Señora Dos) eran las energías que formaban la dualidad creadora en la religión mexica.

El ateísmo niega toda perdurabilidad transmaterial y la existencia de cualquier ser superior o Dios, mientras que los agnósticos dudan y por tanto no afirman tal existencia, pero tampoco la niegan de forma categórica. Los pueblos originarios de prácticamente todas las latitudes del Globo, en cambio, han elaborado diversas teogonías, casi todas centradas en la relación con el Cosmos y la Tierra como parte de él.

Estas metafísicas de civilizaciones originarias de todos los rincones geográficos y extracciones culturales (desde los maoríes de Oceanía, hasta los mayas mesoamericanos o los bosquimanos del África) sin embargo, han sido transversales en principios más o menos comunes: la unión con la totalidad representada en la Madre Tierra y la mutabilidad de la materia y del espíritu, consustanciados en un ciclo infinito de muerte y renacimiento. Principio más tarde referido de forma científica en el siglo XVIII por Antoine Lavoisier con su famosa “ley de Lavoisier” que señala “La materia ni se crea ni se destruye, sólo se transforma.” Luego Albert Einstein nos confirmó que “nada se pierde, todo se transforma” y nos asomó al continuum eterno de la materia y la energía. Algo que los pueblos originarios parecían conocer desde hace milenios.

Ya sabemos que lejos se ubican las concepciones de Occidente respecto de la muerte, muy opuestas a las orientales, que resultan más afines a las concepciones originarias. Mientras Occidente niega, oculta y estigmatiza el fin de la vida material, Oriente lo analiza desde miradas unificadoras con la propia existencia, aunando ambos estadios vida-muerte, como constitutivos de una misma cadena cíclica y acaso infinita.

Este video, de enorme valor reflexivo y protagonizado por una mujer originaria colombiana, nos inserta de lleno en una mirada crítica a todo lo que el capitalismo y las estructuras vigentes dan por sentado y legítimo en la cosmovisión que actualmente dirige y destruye al mundo, y a la propia humanidad.  ¡Abandonemos por unos poco minutos los mandatos temporales que nos impone la premura capitalista y asomémonos a su sabiduría!… Valdrá la pena.

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