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Crisis peruana: Defender a Vladimir Cerrón contra el fascismo, para que el gobierno no se venga abajo

Es una figura fundamental a la hora de la reafirmación ideológica para que el proceso de rebelión popular no termine en papel mojado como ocurrió con Ollanta Humala.

Por Carlos Aznárez.

Se llama Vladimir Cerrón y sobre él se abate todo una feroz ataque por parte de la derecha narcofujimorista del Perú. No es para menos, Cerrón, como titular del Partido Perú Libre, el mismo que permitió que Pedro Castillo llegara a la Presidencia, es una figura fundamental a la hora de la reafirmación ideológica para que el proceso de rebelión popular no termine en papel mojado como ocurrió con Ollanta Humala.

Cerrón no tiene una historia de cuatro días a la hora de luchar por la Revolución y el socialismo para el Perú, es joven pero a la vez un veterano fogonero de las ideas que fusionan al marxismo y el nacionalismo revolucionario, que se fue plasmando en el legado de las ideas de Mariátegui y de las prácticas insurrectas de los pueblos originarios. Esas raíces que han dejado una historia de rebeldía y lucha, primero frente a los genocidas conquistadores españoles y que hoy se expresa en el desafío natural a la oligarquía limeña, sintiendo y hablando el kechua, aimara y otras tantas lenguas originarias. De allí el odio y el desprecio con que los y las congresistas retrógrados del fujimorismo recibieron el discurso en kechua del premier Guido Bellido durante la sesión del voto de confianza.

Cerrón, que no por casualidad lleva el nombre de Vladimir, como Lenin, y lo ha sabido honrar en toda su trayectoria, nació en Chupaca, departamento de Junín, y es precisamente a esta última provincia a la que dedicó siempre su militancia política. Se recibió de médico neurocirujano gracias a dos becas que le permitieron estudiar y conocer a fondo la Revolución en Cuba, y luego ejerció la medicina al servicio de los más humildes en hospitales de Muquiyauyo y Huancayo. Pero además de ser médico, jamás dejó de militar políticamente, creando varios partidos y movimientos para dar vuelta definitivamente la perversa relación entre explotadores y explotados.
En esa marcha imparable, Cerrón fue elegido en 2010, por abrumadora mayoría de votos, titular de la gobernación de Junín, por el Movimiento Político Regional Perú Libre. Un año después, en reconocimiento a su empuje transformador llegó a ser presidente de la primera Asamblea Nacional de Gobiernos Regionales.

Sus claras definiciones desde abajo y a la izquierda siempre le costaron enfrentamientos con la derecha cerril, que intentó de desvalorizar su gestión de gobierno o su militancia partidaria, inventando infamias y buscando condenarlo por delitos de corrupción que jamás fueron probados, salvo -como ocurre actualmente- en la cabeza de algún fiscal orgánico del fascismo peruano.

La reelección de Cerrón en la elecciones de Junín en 2018, significaron que las presiones de sus enemigos se convirtieran en un aluvión de denuncias por A o por B, logrando que una Justicia que jamás falló a favor de los más pobres, sirviera para que fuera suspendido de su cargo de gobernador, incluyendo una condena para meterlo en prisión durante pocos meses, ya que las acusaciones no tenían asidero. Igual suerte, gracias a una campaña similar, afectó a otro gran luchador, el gobernador de Puno, Walter Aduviri Calisaya, a quien enviaron a la cárcel por un largo período. La derecha limeña no podía permitir que surgieran gobernadores que no se amoldaran a su idea de instituciones corruptas como las que se fueron gestando desde que gobernara el dictador Alberto Fujimori, y parecía que iban poder frenar con detenciones y mentiras, el aluvión popular que venía gestándose desde las provincias más golpeadas por décadas de malos gobiernos centrales. Pero no contaron con que esta vez el hartazgo de los nadies estaba dispuesto a patear el tablero.

Como sujeto político que es, Cerrón jamás cejó en su empeño de dar pelea a los poderes fácticos y a quienes mantienen relaciones carnales con el imperio norteamericano, denunció a las trasnacionales mineras, se puso al servicio de los que luchan por la tierra y contra el extractivismo, y por supuesto siguió sumando enemigos a su agenda. Así es que llegó a la gran batalla de este último año, en que con visión estratégica cedió la sigla del partido Perú Libre, que lidera, para que un maestro rural, surgido de las entrañas campesinas del Perú profundo llegara a la presidencia. Lo demás es conocido: la derecha narcofujimorista y la burguesía limeña hicieron todo lo posible para que Castillo no llegara al gobierno, reflotaron un anticomunismo ridículo, compraron jueces, fiscales, y sobre todo se ampararon en las campañas del terrorismo mediático y en las amenazas de golpe por parte de militares trasnochados pero peligrosísimos a los que hay que depurar sí o sí. Sin embargo, la gran movilización popular y las ganas de que esta vez no fuera como siempre, lo fue impidiendo paso a paso. Castillo ganó en primera y segunda vuelta y el rostro patético de la hija corrupta del dictador encarcelado se transformó en una mueca de odio.

Desde el 28 de julio pasado, cuando Castillo asumiera su cargo la guerra derechosa contra el pueblo ha adquirido un nivel de auténtica demolición. Primero, pusieron en la mira al mejor Canciller que el país podía ofrecer para orgullo de la Patria Grande, y así, lamentablemente sin mucha resistencia, la debilidad del Gobierno cedió la cabeza de Héctor Béjar. Luego, siguió la campaña contra el premier Guido Bellido, al que intentaron humillar en el Congreso, pero se quedaron con las ganas, gracias a la claridad con que este enfrentó ese nuevo “combate”. Por último, en venganza por la derrota sufrida en el Parlamento, la ofensiva derechista se empeña en detener otra vez a Cerrón, apuntando incluso, a ilegalizar a Perú Libre, para que Pedro Castillo quede cada vez más acorralado.
No hay dudas que Cerrón seguirá peleando. Es innegable que es la ficha fundamental para que el proceso popular que tanto esfuerzo ha costado levantar, no se venga abajo como un castillo de naipes. Lo que sí resulta fundamental en esta hora crucial del Perú, es que se deje de lado a nivel gubernamental, cualquier inclinación a seguir concediendo, mostrando un perfil de debilidad que aliente el suicidio político.

Esta batalla se debe y se tiene que ganar con el pueblo movilizado en la calle. Defender a Vladimir Cerrón hoy es defender la posibilidad de que el Perú salga definitivamente del desastre económico, político y cultural en que lo instaló el capitalismo y el imperialismo, a través de sus amanuenses locales. Defender a Cerrón hoy, es respaldar la gestión del presidente Pedro Castillo y el premier Guido Bellido.

Que no se pierda esta oportunidad de revolucionar todo lo que haya que revolucionar. Frente a la derecha y el fascismo no valen los coqueteos, sino la fuerza de las ideas, la unidad del pueblo y el espíritu de lucha como el que siempre demostraron dirigentes como Vladimir Cerrón.

FUENTE: Resumen Latinoamericano, 29 de agosto de 2021.

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