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Las PASO en Mercedes, Evangelina Cabral y la psicopatía del conjunto

Los candidatos del odio emergen con ideas vacías de contenido y se sirven de la confusión y la desesperanza de un electorado vapuleado por la economía y una deuda externa que ellos mismos defendieron y tomaron.

Por Alejo Brignole

En la Argentina de este 2023 se dirimen proyectos muy antagónicos que son los que definirán el tipo de sociedad que tendremos durante la próxima década. La exclusión de las mayorías, el predominio de intereses privados por sobre los públicos y la confrontación desigual y siempre infame entre pobres y ricos, son el fondo de esa disputa. La famosa grieta, en realidad, no es una creación K, sino todo lo contrario. Es un engendro de las clases dominantes y el medio pelo más colonizado en su pensamiento que siempre mira con deseo las playas de Miami. Son esos segmentos a los que la vida digna de los más desfavorecidos les incomoda.

Evangelina Cabral presidiendo homenajes a artistas mercedinos en el marco de HomenajeARTE, en donde hubo críticas a criterios amiguistas y selectivos en la entrega de los galardones por parte de la presidenta de Concejo Deliberante local.

La aparición de Javier Milei en la escena política nacional no es más que una continuación paroxística, es decir extrema, de las ideas que intoxican a nuestra sociedad, tal carente de propuestas constructivas. Los furiosos discursos de odio a grupos puntuales (siempre ubicados en la base de la pirámide social), son las características de estos nuevos fenómenos aceptables para los votantes. Cabría señalar, no obstante, que están impregnados de lo que el psicoanalista alemán Erich Fromm denominaba la “psicopatía del conjunto”. Esto es, un ideario de cosificación y desprecio que busca el arrasamiento del otro y que en política no es infrecuente, pero que socialmente alcanza el rango de una enfermedad conjunta cuando ese odio se convierte en acción concreta.

Javier Milei hace eso: transmite odio y desprecio a los más vulnerables, con la excusa de que hay una casta política que promueve la ignorancia, cuando en realidad su partido, su discurso y él mismo (Milei) lo hacen de forma metodológica. ¿El mejor ejemplo? Cuando niega la importancia de la Historia en los procesos sociales, siendo la Historia la única verdadera fuente de sabiduría y superación de los pueblos.

La única diferencia de Milei con otros signos políticos discriminadores (como Juntos por el Cambio y otros menos importantes) es que lo dice abiertamente. Por eso estas PASO serán una prueba experimental en el ideario colectivo de los votantes. Es una elección donde se dirime la convivencia democrática o un avance salvaje sobre lo que no es “igual a mí”.

Y como lo particular define lo general, podemos observar que esa grieta se plantea también el universo político de la ciudad de Mercedes, al oeste de la CABA, distrito actualmente de importancia por dos razones: la primera porque es el lugar de nacimiento de Eduardo Wado de Pedro, Ministro de Interior y figura clave del actual gobierno y uno de los fundadores de La Cámpora, nervio político principal de ese movimiento de masas que llamamos kirchnerismo y que desde la embajada estadounidense y los medios adscriptos a ella odian con tanto furor.

El problema para los tradicionales enemigos de las clases populares en Mercedes, es también que esa ciudad –de casi ochenta mil habitantes– tiene como intendente al hermano de crianza de Wado de Pedro, Juan Ignacio Ustarroz. Un abogado y joven político que ha logrado desarrollar un tipo de gestión municipal que –muy probablemente– será estudiado en el futuro como modelo eficiente e inclusivo de administración comunal. Otros intendentes, como el antiguo titular de la ciudad de Avellaneda, Jorge Ferraresi, serán también estudiados en las universidades en el marco de las ciencias políticas aplicadas a la administración municipal. Mencionemos que tanto el mercedino Ustarroz, como Ferraresi, tuvieron reconocimientos internacionales a sus gestiones de gobierno. Dato fundamental para comprender lo que sucedió en sus respectivas comunas y las mejoras productivas en la calidad de vida de los vecinos y en las propias infraestructuras urbanas y sociales.

 El abrazo efusivo de dos mujeres políticas (Evangelina Cabral a la izq. y Patricia Bullrich a la der.) que resultan funcionales al sistema heteropatriarcal y excluyente con las minorías que la sociedad debería erradicar.

Pero del otro lado están los antagonistas. En el caso de Mercedes, esa oposición la representa precandidato del ultra derechista Javier Milei, el ex policía Rafael Velásquez, del Partido Demócrata de Mercedes (vecinal) que militó para el kirchnerismo y cuando halló la oportunidad de  ofrecerse al mejor postor, lo hizo sin remordimientos y terminó en las listas de un advenedizo violento como Milei. Así, sin prejuicios ni cuestionamientos morales. Travestismo que le llaman.

La otra oposición la conforman los precandidatos de Juntos por el Cambio, alianza que en ese distrito presenta dos boletas separadas en las PASO con nombres diferentes: Noelia Ruiz y Evangelina Cabral, ambas ubicadas en segunda línea en la competencia por la jefatura comunal, pero sin verdaderas posibilidades.

Sin dudas, ambas son una clara muestra de aquella “psicopatía del conjunto” que mencionara Erich Fromm en sus escritos. Sobre todo Evangelina Cabral, que es la actual presidenta del Honorable Concejo Deliberante de la ciudad. Una mujer que en Mercedes es reconocida por sus posturas abiertamente clasistas y una marcada aporofobia (odio irracional a los más pobres), sumada una escasa formación teórica sobre política y la cosa pública. En el ámbito social de la ciudad en donde nació y donde ahora preside el HCD, es sabido que la candidata repudia y niega cualquier reclamo que venga de abajo, a pesar de ser la hija de una humilde maestra de escuela.  Y sin embargo,  habiendo surgido de las mismas problemáticas que ahora ignora, es sabido cómo Evangelina Cabral ha negado o desoído en repetidas ocasiones los pedidos de ayudas urgentes ante las carencias aún pendientes en la Casa de la Niñez de Mercedes (hogar y refugio de niños judicializados y abusados). Con la cuota de poder que le otorga ser presidenta del órgano legislativo local, Evangelina no ha hecho nada que cambiase el mapa vecinal o mejorase los sistemas municipales, ni ha propuesto ordenanzas o proyectos de Resolución viables para el mejoramiento del statu quo local. Sin mencionar algunos episodios en donde la concejala, ya por ignorancia, ya por desprecio a la simbología de la historia, cometió agravios inexcusables a la sociedad, como en el acto en marzo de 2022, donde le obsequió una bandera de la ciudad a un veterano británico que luchó en Malvinas. Gesto que le valió el repudio y la condena civil de diversos colectivos e instituciones Mercedinas –entre ellos el Centro de Veteranos de Guerra de Mercedes–. Un gesto que hizo evidente su falta de tacto político y pocas nociones de diplomacia elemental. Una vez más, la ignorancia de la Historia demuestra su fatalidad y avergüenza a quienes la niegan.

Tras un discurso de concordia social y de renovación política, la psicopatía del conjunto es así encarnada en políticos de sonrisas engañosas. Hombres y mujeres que trabajan en partidos del odio que tras fotos bonitas ocultan precisamente eso: odio y desprecio a la vida humana, a la realización colectiva y a las posibilidades de un país integrado en sí mismo con todos y todas.

Evangelina Cabral es, por supuesto, apenas un dato pasajero e insignificante dentro del esquema político planteado. Un ave de paso con fecha de caducidad. Sin embargo, ofrece una excelente oportunidad para ejemplificar lo que no sirve, lo que excluye, lo que degrada al resto y por tanto a la propia comunidad. Javier Milei con su novísimo partido La Libertad Avanza, y la alianza Juntos por el Cambio que tiene a Patricia Bullrich como precandidata a la presidencia, son lo que el país no necesita y debe desterrar de su lenguaje político. Hoy la foto de Patricia Bullrich –defensora de nuevas formas de represión y legitimadora del genocidio argentino de los años ’70– aparece en las calles de la ciudad de Mercedes junto a Evangelina Cabral. Y ambas constituyen una clara señal de que la sociedad corre peligro de desdibujarse a sí misma, de automutilarse con candidatos que –como la Bullrich o Evangelina Cabral– solo buscan quitar del medio a la sociedad que no les gusta. Incluidos, sobre todo, los más afectados por el modelo que ellos mismos defienden: el privilegio de unos pocos.

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