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Marruecos. Impide a un matrimonio saharaui entrar en El Aaiún.


Los cónyuges, Sidahmed y Salka, de más de sesenta años, residían en España
desde hacía muchos años y tenían la nacionalidad española. Pero conservaban el contacto con sus familiares en la capital de la antigua colonia española, de la que ambos son originarios.


El pasado viernes, 26 de mayo, después de muchos años de separación física, han
querido viajar hasta su ciudad de origen, para una breve visita a sus familiares.
Pasadas las nueve horas de la noche, al llegar al aeropuerto y entregar sus
pasaportes españoles a los policías de aduanas, parece que alguna alarma debió saltar, porque enseguida fueron separados del resto de viajeros e introducidos en una sala aparte.


Una vez solos, les comunican que, según sus archivos, el marido había trabajado
hacía veinte años, en la Oficina del Polisario en Canarias y, por lo tanto, no le está
permitido acceder al territorio. Así se las gastan los amantes del PSOE que ocupan el Sáhara Occidental en la actualidad.


Han permanecido en aquella sala desde su llegada, el viernes, a las nueve de la
noche, hasta el sábado, a las doce de la mañana, cuando los subieron en un avión de vuelta hacia Canarias.


Durante todo este tiempo de detención, han estado estrechamente vigilados por
policías que los acompañaban, incluso, para ir al baño.


A los familiares aiunenses que los esperaban, no les permitieron entrar para verlos y, tampoco, les permitieron darles comida. La policía marroquí tan sólo aceptó que los familiares les entregaran, por mediación de un gendarme, una botella de agua y dos coca colas.


En aquella sala del aeropuerto, a medida que se iban repitiendo, una y otra vez,
los interrogatorios, otra procesión bien distinta, iba recorriendo, por dentro, el cuerpo de Sidahmed. Otra vez, el mes de mayo.


Allá por el mes de mayo de 1984, hace ya casi cuarenta años, las unidades del
Polisario hostigaban, un día sí y otro también, al ejército marroquí, cuyas ingentes columnas se afanaban en construir el muro marroquí. Los combates más feroces tenían lugar en Zemmur, desde Zmul Niran hasta Lefkah, pasando por Hreichet Redi, en el sector de Amgala.


En mayo de 1984, las unidades del Polisario combatían a brazo partido contra unas inmensas columnas marroquíes que avanzaban desde Hauza hacia Ued Saguía. El siete de mayo de ese año, nuestras unidades no habían tenido un buen día, especialmente, en Chbeini Bukerch, entre Mezuar y Saguia. Por lo que nuestras unidades habían atravesado Lebraiga, para acampar en Ued Dirt.
A la mañana siguiente, en medio de una ventisca polvorienta, la unidad de
reconocimiento de la Segunda Región, sale en busca del enemigo. Se dirigen hacia el oeste, atraviesan Lejcheibi hacia el norte para acompañar a la ribera meridional de Ued Saguia. Y al llegar a Lefreirina, los confunde la tempestad y caen prisioneros en manos del ejército marroquí. El resto del relato, son doce años en la celebérrima cárcel de Kuneitra y la no menos célebre de Agadir.


El 31 de octubre de 1996, por mediación de la Cruz Roja Internacional y la ONU,
un avión cedido por la entonces República Federal de Alemania los llevaba de vuelta, y con la cabeza bien alta, hacia los Campamentos saharauis.


Y, de repente, cuarenta años más tarde, Sidahmed es nuevamente interrogado por
ese mismo enemigo que sigue guardándole el mismo odio y rencor. En un momento dado y en tono ya joco, llegó a dirigirse a los policías marroquíes, diciéndoles que él ya había experimentado, en carne propia, todo tipo de interrogatorios y crueldades en las cárceles marroquíes, pero que su señora esposa, no tenía experiencia alguna en esas penurias.


Finalmente, el sábado y sin poder ver a sus familiares, los metieron en otro avión,
con destino a las Palmas de Gran Canaria. En lugar de portar su fusil, tan sólo portaba un pasaporte español, pero tampoco le ha servido para entrar en la ciudad de su infancia.


Haddamin Moulud Said.
28 de mayo de 2023

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