Análisis EEUU Internacionales

Miradas: Decadencia del Imperio estadounidense

Por: Thierry Meyssan

Domingo, 11 de septiembre de 2022

Estados Unidos se enreda cada vez más en su pugna con Rusia y China, empeñado en mantener su hegemonía e impedir une organización multipolar del mundo‎, pero ‎el imperio estadounidense se debilita desde adentro. Un hijo del presidente Biden ‎se ha arrogado más poderes que un senador. Hunter Biden se mueve en aviones ‎oficiales –como si hubiese recibido un mandato de su padre– para firmar contratos de ‎índole personal sin que se sepa realmente la opinión del presidente. Sin embargo, ‎Hunter Biden carece de aptitudes o competencias particulares. Es sólo un drogadicto ‎que se da la gran vida. Nadie sabe quién negocia los contratos que él firma y que ‎le reportan grandes beneficios. La grandeza de la democracia estadounidense ‎se ha esfumado para dar paso a los intereses de individuos que los estadounidenses ‎no han elegido y que ni siquiera han sido nombrados por sus dirigentes.‎

Durante los 6 últimos años he venido publicando artículos sobre temas muy diversos, ‎adelantándome siempre a los grandes medios, lanzando alertas sobre la división entre los ‎estadounidenses y denunciando el ascenso de la intolerancia en Estados Unidos. Pronostiqué ‎incluso que es inevitable el estallido de una guerra civil en ese país y la disolución del Estado ‎federal. ‎

En la práctica, estamos viendo como aparecen y se agravan nuevas formas de segregación. ‎En poco tiempo, hemos visto en Estados Unidos una elección presidencial opaca, la toma del Capitolio de Washington y un registro realizado en la residencia de un ex presidente. ¿Ha muerto ‎la democracia estadounidense? ¿Qué otros acontecimientos provocará ese fenómeno de fondo?‎

LA DEMOCRACIA ESTADOUNIDENSE

En primer lugar, es fundamental el cambio demográfico y sociológico que se ha producido en ‎Estados Unidos. La cantidad de personas que vive allí ha pasado de 252 millones –en el ‎momento de la disolución de la URSS– a 311 millones, casi un tercio más que antes, 79 millones ‎para ser exactos. Pero la clase media estadounidense ha sufrido una reducción constante. Al final ‎de la Segunda Guerra Mundial, el 70% de los estadounidenses eran clase media. Aunque hoy ya ‎no existe un consenso en cuanto a los criterios estadísticos, la clase media ya es sólo un 45% de ‎la población estadounidense. Pero la cantidad de multimillonarios se ha multiplicado por 6 ‎desde 1991, mientras que la riqueza media en dólares constantes ha progresado muy poco.‎

Las instituciones estadounidenses se basan en el principio de la separación de poderes, enunciado ‎por Montesquieu para equilibrar las decisiones distinguiendo el Poder Ejecutivo, el Poder ‎Legislativo y el Poder Judicial. Ese sistema funciona sólo si el conjunto de actores que toman las ‎decisiones comparte los mismos intereses. Pero eso ya no sucede desde que se inició la ‎globalización, o sea desde que comenzaron la deslocalización industrial hacia Asia y la ‎desaparición de la clase media, consecuencia de ese proceso. ‎

Debido a lo anterior, las condiciones sociológicas ya no permiten el funcionamiento del sistema ‎democrático. ‎

Los estadounidenses están conscientes de esos cambios ya que –desde el movimiento llamado ‎‎Occupy Wall Street, en 2011– son numerosos los discursos políticos que se interrogan sobre ‎el poder que ejerce el 1%, los más ricos de la sociedad, aquellos cuyos ingresos anuales son ‎‎5 veces superiores a los del estadounidense promedio. ‎

Durante la elección presidencial de 2020 se vio un problema fundamental. Al menos una tercera ‎parte de los electores piensan hoy que los resultados anunciados no reflejan la voluntad popular. ‎Ambos bandos no dejan de insultarse, basándose en cifras, pero el problema no reside en el ‎conteo de los sufragios, sino en la opacidad del proceso. Un principio fundamental de la ‎democracia es la transparencia de las elecciones. Pero hace tiempo que los ciudadanos ‎estadounidenses no participan en el conteo de los votos, que ni siquiera se realiza ya ‎en público. El conteo de los sufragios está ahora en manos de funcionarios, o de empresas ‎privadas contratadas para ello. En 2020, el conteo fue realizado por máquinas y, a menudo, ‎bajo control de funcionarios y a puertas cerradas. ‎

En cuanto al fin de la separación de poderes, lo más sorprendente fueron los procedimientos de ‎destitución (impeachments) contra el jefe del Poder Ejecutivo –el presidente–, procedimientos ‎que el Poder Legislativo inició basándose en acusaciones de traición hoy invalidadas. Pero, como ‎el fracaso de aquellos impeachments no resolvió el problema sociológico, ahora vemos que ‎se ordena un registro manu militari en la residencia del ahora ex presidente y se trata –‎otra vez– de acusarlo de traición. Ahora es el Poder Judicial el que agita una interpretación ‎aberrante de la ley para perseguir a la persona que tenía el poder de desclasificar lo que quisiera ‎por haber olvidado desclasificar ciertos papeles personales. El resultado es que la naturaleza ‎evidentemente descabellada de todos esos “casos” no escapa al ciudadano de a pie, y lo lleva a ‎alejarse de las instituciones que alguna vez fueron democráticas. ‎

El derrumbe de la democracia estadounidense se evidenció el 6 de enero de 2021, cuando una ‎multitud irritada por la reacción policial tomó por asalto el Capitolio de Washington. Hoy ‎se sabe que los manifestantes no tenían intenciones de derrocar el Congreso sino que la policía ‎‎–comportándose como el brazo armado de una dictadura– reprimió a los ciudadanos que ‎protestaban. Sólo después que la policía provocó la muerte de un manifestante que escalaba la ‎fachada del Capitolio – haciéndolo caer de varios pisos de altura– la multitud exasperada ‎se lanzó al asalto de la sede del Congreso. ‎

¿CONTINUARÁ ESE FENÓMENO?

No hay razón para que se interrumpa ese fenómeno si se mantiene la actual composición ‎sociológica de Estados Unidos. Los escándalos de corrupción demuestran que, al contrario, el ‎fenómeno va a amplificarse. El problema es que ya no se trata de altos funcionarios que abusan ‎de su poder sino que quienes acaparan poderes más importantes que los de un senador son ‎individuos no electos y ni siquiera nombrados por el poder. ‎

Veamos el caso de Biden. Durante la campaña presidencial de 2020, el New York Post revelaba ‎que el FBI había encontrado una computadora perteneciente a uno de los hijos del candidato ‎demócrata Joe Biden. Según la publicación, los ficheros encontrados en la computadora ‎demostraban tanto el tren de vida disoluto de su dueño –lo que en realidad no era un misterio ‎para nadie– como su corrupción… y la de su padre. ‎

Inmediatamente se inició una gran operación para salvar la reputación del candidato Joe Biden. ‎El FBI se negó a que se profundizara en el contenido de la computadora mientras que ‎personalidades de la “comunidad de inteligencia” estadounidense hacían correr el rumor de que ‎aquello era una desinformación rusa provechosa para el candidato Trump [1]. ‎Así que los medios ignoraron las revelaciones del New York Post y el candidato Biden fue ‎declarado ganador. ‎

Dos años después, ahora resulta que las revelaciones del New York Post eran exactas, han ‎aparecido nuevos documentos y el ministerio de Defensa de la Federación Rusa también ha ‎encontrado otros durante su operación militar en Ucrania. ‎

Hoy se sabe que:
Hunter Biden, quien ha contado él mismo sus peripecias como drogadicto, hoy sigue siendo ‎dependiente del consumo de drogas. Alrededor de él se mueve una camarilla de jóvenes que ‎comparten su adicción a la cocaína y que organizan orgías con este hijo del ahora inquilino de la ‎Casa Blanca. Sin entrar a emitir aquí juicios morales sobre tales actividades, es evidente que ‎Hunter Biden no está en estado de dirigir empresas.
A pesar de ello, Hunter Biden fundó o tomó el control de varias empresas importantes (Eudora ‎Global, Owasco, Oldaker, Biden and Belair LLP, Paradigm Global Advisors, Rosemont Seneca ‎Advisors y Seneca Global Advisors).‎
Siendo su padre vicepresidente de Estados Unidos y John Kerry secretario de Estado, Hunter ‎Biden fundó una empresa con el hijastro de este último, Christopher Heinz. Esa empresa comenzó ‎a hacer negocios en Ucrania en nombre del Departamento de Defensa de Estados Unidos, ‎entonces encabezado por el secretario de Defensa Ashton Carter. Oficialmente, se trataba de ‎evaluar lo que quedaba de los programas biológicos militares soviéticos… pero parece que el ‎verdadero objetivo era continuar en Ucrania investigaciones que eran ilegales en suelo ‎estadounidense, como denuncian los rusos.
Hunter Biden y su tío, James Biden, trabajaron con CEFC, una compañía petrolera estatal china, ‎lo que permitió a Hunter echarse en el bolsillo 3,8 millones de dólares… sin saber ‎absolutamente nada del petróleo.
Hunter Bidden se convirtió en administrador de la segunda empresa petrolera de Ucrania, ‎Burisma, sin tener absolutamente ninguna competencia para ese cargo, que le reportaba ‎‎50 000 dólares al mes.
Hace años que Hunter Biden viaja constantemente en aviones oficiales, a pesar de que como ‎hijo del vicepresidente o del presidente de Estados Unidos sólo podría hacerlo acompañando a ‎su padre.
En definitiva, Hunter Biden dirige u ostenta puestos en numerosas empresas, representa ‎oficialmente al Departamento de Defensa y también, al menos oficiosamente, a su padre, ‎además de cobrar cuantiosas sumas de dinero por cosas que es incapaz de hacer. ‎

Incluso suponiendo que el presidente Biden no esté implicado en los “negocios” de su hijo Hunter, ‎lo cierto es que al menos cubre el uso que hace Hunter de su posición en lo más alto de la ‎cúpula gubernamental estadounidense y permite que utilice los medios del Estado federal para estafar a los ‎demás. ‎

Bajo el Imperio Romano, el emperador Calígula llegó a otorgar la dignidad de cónsul a su caballo ‎preferido. En Estados Unidos, el vicepresidente Biden cubría los chanchullos y las estafas de su hijo ‎Hunter. Actualmente, cuando Joe Biden se ha convertido en presidente a pesar de su evidente ‎pérdida de facultades mentales, su hijo Hunter se aprovecha de ello para seguir “haciendo ‎negocios” como “hijo de su papá”. ‎

Esas alegaciones ya no son rumores. Ahora se trata de hechos comprobados y plasmados en ‎informes senatoriales. ‎

EL DEBILITAMIENTO DEL ESTADO FEDERAL ESTADOUNIDENSE

En las diferentes regiones del mundo el debilitamiento de Estados Unidos se ve de diferentes ‎maneras.

Los rusos, que han vivido varias revoluciones y la disolución de la URSS, estiman que las ‎incomprensiones entre los estadounidenses llevarán a mediano plazo a una guerra civil, que ‎a su vez conducirá a una división de Estados Unidos en países independientes más o menos ‎étnicamente homogéneos. ‎

Los chinos, que han pasado por periodos de debilitamiento de su propia nación, estiman, ‎al contrario, que Estados Unidos puede perdurar pero que se sumirá en una forma de anarquía ‎ya que los Estados que hoy lo componen dejarán de obedecer al Estado federal y se harán ‎autónomos. ‎

En todo caso, los europeos son los únicos que siguen creyendo que Estados Unidos todavía es una ‎democracia y que seguirá siéndolo. ‎

Fuente: voltairenet.org

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