La gestión de Lucas Ghi en Morón exhibe, una vez más, una lógica de funcionamiento atravesada por la discrecionalidad política: castigo para quienes no se alinean y blindaje para los propios, incluso frente a denuncias judiciales de extrema gravedad. La reciente degradación y posterior renuncia del ex subsecretario José María Gayoso volvió a dejar al descubierto un mecanismo de persecución interna que contrasta brutalmente con el tratamiento dispensado a Hernán Sabbatella.
Persecución, degradación y renuncia
El caso Gayoso no admite eufemismos. El funcionario fue degradado sin notificación formal, reducido a un cargo administrativo y empujado a una renuncia indeclinable tras advertir, por el depósito de su salario en Cuenta DNI, que había sufrido un recorte cercano al millón y medio de pesos. No hubo comunicación oficial, ni expediente transparente, ni explicación política. Solo un hecho consumado.
Cuando Gayoso interpeló directamente al intendente, la respuesta de Ghi resultó tan escandalosa como reveladora: “Sí José, pueden”. Con esa frase, el jefe comunal no solo evitó hacerse cargo, sino que confirmó que en su propia gestión pueden disponer de un subsecretario sin que él siquiera lo sepa. Una definición que desnuda el nivel de descomposición en la cadena de mando del municipio.
Sabbatella: denunciado, oculto y protegido
En el extremo opuesto aparece Hernán Sabbatella, ex (?) secretario de Legal y Técnica, protegido político del oficialismo local y beneficiario de un tratamiento diametralmente distinto.
El 22 de octubre de 2025, el Municipio de Morón difundió un comunicado en el que informó que “se ha resuelto otorgar licencia por tiempo indeterminado” al funcionario, luego de una denuncia por violencia de género. Lejos de constituir una sanción, la medida funcionó como una pantalla: Hernán Sabbatella no fue removido, no fue separado definitivamente y tampoco perdió un solo peso de su salario.

Una denuncia que no deja lugar a dudas
La denuncia radicada en ese entonces en la Comisaría de la Mujer y la Familia de Morón describe un cuadro de violencia sostenida. La víctima —su ex pareja y madre de su hija— relató agresiones físicas, psicológicas y sexuales, control extremo de sus vínculos, aislamiento y dependencia económica.
En el expediente consta que Sabbatella “la tomaba de los brazos marcándola”, que ejercía celos constantes, revisaba su celular, la aislaba de su entorno y que incluso “en ocasiones la obligaba a tener relaciones sexuales”. También se menciona consumo de sustancias y conductas de control sobre el dinero de la víctima .
La Justicia dispuso en ese entonces una restricción perimetral de 500 metros y cese de hostigamiento por tres meses.
Esta presentación se sumó a otra denuncia previa realizada por una empleada municipal a comienzos de 2025, que fue rápidamente relativizada por el entorno de Ghi bajo el argumento de que “no quedó firme”. Sin embargo, fuentes judiciales sostienen que aquella causa se diluyó tras la intervención de influencias políticas que operaron para desactivarla.
Licencia trucha y sueldo intacto
La supuesta “licencia” de Hernán Sabbatella no implicó castigo alguno. Por el contrario, el funcionario continuó cobrando un salario completo como secretario, que supera los 3 millones de pesos mensuales, cifra que duplica ampliamente la línea de pobreza y contrasta con los sueldos de la planta municipal, donde la mayoría de los trabajadores percibe ingresos por debajo del mínimo vital y móvil.

En términos concretos, la sanción consistió en no ir a trabajar, no aparecer en actos y desaparecer de la página oficial del municipio. Una decisión cosmética que encubre una protección política explícita.
Del silencio institucional a la exhibición en redes
Mientras el municipio lo oculta de la escena pública, Hernán Sabbatella mantiene actividad en redes sociales. Su última aparición generó indignación en algunos sectores: se mostró practicando kick boxing, un deporte de contacto, pese a estar denunciado por violencia de género por su ex pareja.
La imagen no sólo resulta provocadora, sino que refuerza la sensación de impunidad con la que se mueve uno de los funcionarios más protegidos del oficialismo local.

La doble vara como política de Estado
El contraste es brutal: a Gayoso (como a decenas de funcionarios y empleados comunales) lo degradan en silencio, le recortan el salario y lo empujan a renunciar; a Hernán Sabbatella lo denuncian, le dictan una perimetral y lo premian con una licencia paga.
No se trata de casos aislados, sino de una lógica de poder. En Morón, la vara no mide conductas ni responsabilidades: mide lealtades.
¿Dónde está Hernán en Morón?
En medio de este escenario, la pregunta empieza a circular con fuerza entre vecinos y trabajadores: ¿Dónde está Hernán Sabbatella?
La respuesta, lejos de los comunicados oficiales y las pantallas institucionales, podría aparecer este mismo sábado. En el Club Matreros, donde la jefa de Gabinete Estefanía Franco organiza una mega fiesta por el cumpleaños del intendente Lucas Ghi, amigo y protector político de Sabbatella.
Ahí, quizá, entre brindis y festejos, se deje ver el funcionario que la Gestión Lucas Ghi esconde, pero nunca soltó.


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