El cierre de la planta de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos (GIRSU) en el municipio de Morón expuso una de las contradicciones más graves de la actual gestión local en materia ambiental. Lo que durante años constituyó una experiencia pionera en políticas públicas innovadoras, hoy quedó reducido a un predio clausurado por la proliferación de ratas, la contaminación y la falta de mantenimiento.
Morón supo destacarse como un caso testigo en América Latina por la implementación de políticas de gestión integral de residuos, articuladas con la modernización del Estado, la participación social y el impulso al emprendedurismo ambiental. Así lo documentó el estudio académico “El caso de Morón: innovaciones promovidas por el emprendedurismo, facilitado por la modernización del Estado y la participación social”, donde se analizó a la política de GIRSU como una innovación pública de alto impacto territorial.
De la innovación al deterioro
La planta GIRSU, ubicada en Viamonte 1750 de esa ciudad funcionó durante años como un modelo de separación en origen, tratamiento responsable de residuos y reducción del impacto ambiental. Delegaciones técnicas, académicos y funcionarios de distintos países visitaron el predio para conocer una experiencia que colocó a Morón “como ejemplo en todo el mundo”.
Sin embargo, esa política pública quedó abandonada. La falta de inversión, control y planificación derivó en una situación crítica: acumulación de residuos, contaminación ambiental y una alarmante proliferación de roedores. El propio cierre del predio no respondió a una reconversión planificada ni a una mejora del sistema, sino a una clausura forzada por razones sanitarias básicas.
Impacto ambiental y retroceso institucional
El cierre del GIRSU no representó solo un problema operativo. Implicó un retroceso estructural en la política ambiental del municipio. La interrupción de la gestión integral de residuos incrementó los riesgos sanitarios para los barrios linderos, deterioró el ambiente urbano y desarticuló una red de trabajo comunitario y cooperativo que sostuvo el sistema durante años.
Lo que alguna vez expresó una política de Estado orientada al desarrollo sostenible hoy evidenció desidia institucional. Allí donde existió planificación, participación y reconocimiento internacional, quedó un vacío que afectó directamente la calidad de vida de la población.
Una deuda ambiental pendiente
¿Cómo un municipio que fue pionero en políticas ambientales permitió el colapso de una de sus experiencias más emblemáticas? La respuesta no se encontró en la falta de antecedentes ni de saber técnico, sino en decisiones políticas de la gestión de Lucas Ghi que relegaron el ambiente a un segundo plano.
Mientras las ratas y la contaminación marcaron el final de la planta, también señalaron el abandono de una visión estratégica que supo colocar a Morón a la vanguardia.


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