Por Fátima N. Elía
«Llegará el día en que desapareciendo las sombras sólo queden las verdades, que no dejarán de conocerse por más que quieran ocultarse entre el torrente oscuro de las injusticias.»
Juan Manuel de Rosas, 1857.
En 1973, con la presidencia del Teniente General Juan Domingo Perón, por moción del historiador José María “Pepe” Rosa (1906-1991), el Congreso de la Nación promulgó la Ley 20.770 por la que el 20 de noviembre se declaró Día de la Soberanía Nacional, conmemorativo de la Batalla de Obligado.
El jueves 20 de noviembre de 1845, un día soleado de primavera, se libró la Batalla de la Vuelta de Obligado (Partido de San Pedro, Provincia de Buenos Aires), en aguas del Paraná, entre las fuerzas de la Confederación Argentina comandadas por el general Lucio Norberto Mansilla y la escuadra anglo-francesa que sufrió daños y bajas. La flota invasora que llegaría hasta Corrientes, sería atacada repetidamente tanto a la ida como a la vuelta en los combates de Tonelero (enero y febrero de 1846), San Lorenzo (abril de 1846) y la Punta del Quebracho (4 de junio de 1846). Finalmente, luego de declarar en el cuarto artículo de una serie de una serie de nueve que: «El Gobierno de Su Majestad Británica reconoce ser la navegación del río Paraná una navegación interior de la Confederación Argentina, y sujeta solamente a sus leyes y reglamentos…», en la mañana del 26 de febrero de 1850, la fragata HMS Southampton que transportaba al contraalmirante sir Barrington Reynolds (1786-1861), comandante de la estación naval británica de Sudamérica, desagravió el pabellón nacional con una salva de veintiún cañonazos, que fueron además un saludo al gobernador de Buenos Aires, caudillo de la Confederación Argentina y Restaurador de las Leyes, el brigadier general Juan Manuel de Rosas (1793-1877). Así los invasores se vieron obligados a retirarse con más pena que gloria. Argentina triunfó, ya que le fue reconocida su soberanía sobre sus ríos interiores. [Los británicos y franceses pretendían declarar “internacionales” a los ríos Paraná y Uruguay para poder ingresar libremente, vender sus mercaderías y comenzar sigilosamente su colonización de la cuenca del Plata]
Este episodio heroico de nuestra patria fue deliberadamente “olvidado” por aquellos que siempre han ocultado nuestra verdadera historia y han estado y están al servicio de intereses imperialistas.

Retrato de Lucio Norberto Mansilla (1792-1871), obra del pintor francés Jean-Philippe Goulu (1786-1853).
La medida de 1973 fue abolida por los jerarcas de la dictadura militar (1976-1983), aquellos que practicaron el terrorismo de estado contra sus propios compatriotas. El día 3 de noviembre de 2010, con la presidencia de la Dra. Cristina Fernández de Kirchner, se firmó el decreto 1584 declarando el 20 de noviembre como Día de la Soberanía Nacional, con carácter de Feriado Nacional.
El martes 20 de noviembre de 2012, en la conmemoración que tuvo lugar en el sitio histórico a orillas del Paraná, la Presidenta de la Nación, enfatizó: «Muchas Vueltas de Obligado hemos tenido desde entonces y muchas cosas siguen pasando en la Argentina y en el mundo. Hemos librado batallas muy importantes, con marchas y retrocesos. No puede haber soberanía nacional si no hay soberanía popular y democrática.»
Luego agregó la Dra. Cristina Fernández de Kirchner: «Son los mestizos, los indios, el pobrerío el que luchaba junto a las fuerzas del general Lucio Mansilla para lograr esa independencia. Hoy ya no vienen con barcos, en este siglo XXI, vinieron nuevas formas de dominación, formas más sutiles pero no por eso menos nocivas», subrayó la presidenta.
El juicio de dos historiadores
En 2025 se cumple el 180º aniversario de la batalla de La Vuelta de Obligado. En su libro los historiadores Juan Manuel Peña y José Luis Alonso hacen hincapié en una serie de conceptos a ser tenidos en cuenta como parámetros que explican la historia con precisión: «En general, se tiende a recordar la Vuelta de Obligado como una gesta (que es “un conjunto de hecho memorables”), sin especificar si fue derrota o triunfo. […] Pero, ¿cómo celebrar una derrota? En realidad, la campaña del Paraná fue un éxito para la Confederación Argentina en su culminación, es decir, por haber conseguido bombardear barcos ingleses y franceses, hundiendo y capturando algunos de ellos, dificultando en extremo su regreso e impidiendo el logro de sus objetivos militares, y por el hecho, posterior, de tener el adversario que desagraviar nuestra bandera. […] Obnubilados, quizá, por la heroica y descollante situación bélica del tendido de cadenas, que remite al ingenio que nos caracteriza, los argentinos no solemos recordar los sucesos ocurridos luego de la Vuelta de Obligado, dejando en un injusto olvido la larga lucha que las armas de la patria sostuvieron a lo largo del Paraná durante muchos meses posteriores a Obligado, que fueron los que, en realidad, convirtieron la recordada y homenajeada derrota en un brillante triunfo. […] En suma, la agresión anglo-francesa contra la Confederación Argentina, en un conflicto de tres años de duración si se consideran los antecedentes, es un hito histórico que aun habiendo sido estudiado por numerosos y calificados historiadores, salvo honrosas excepciones no ha recibido el tratamiento adecuado a su importancia, más allá del gobierno que entonces regía nuestros destinos. […] Entendemos que una versión relatada hoy, a la luz de nuevas investigaciones y en una línea de acercamiento a lo real despojada de prejuicios e intenciones secundarias, contribuye no sólo a juzgar en forma actual e imparcial esta campaña tan importante para la historia de la patria sino a reflexionar sobre lo que hemos hecho o hacemos en la actualidad. Por ejemplo, nuestro país suele incurrir en contradicciones: rendimos homenaje con un hermoso monumento a Garibaldi, uno de nuestros adversarios de ayer en la guerra del Paraná, pero le debemos una estatua a Lucio N. Mansilla, a Juan Bautista Thorne, así como a Ramón Rodríguez, Álvaro José de Alsogaray y Martín de Santa Coloma, entre otros luchadores enfrentados a los dos máximos imperios coloniales de la época. No estará de más aproximarnos a los episodios teniendo en cuenta la relación de José de San Martín con Juan Manuel de Rosas, principal decisor de los sucesos que relatamos… […] Escribió San Martín a Rosas en julio de 1839: “Lo que no puedo concebir es que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempos de la dominación española, una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer.” (Museo Histórico Nacional, San Martín, correspondencia)» (J. M. Peña y J. L. Alonso, La Vuelta de Obligado y la victoria de la campaña del Paraná. Buenos Aires: Editorial Biblos, 2012, pp. 17-19).
El reconocimiento del enemigo
El Dr. Mario “Pacho” O’Donnell, médico psicoanalista, historiador y presidente del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano “Manuel Dorrego” rescata a uno de nuestros héroes olvidados de Obligado: «El Museo de Historia Nacional exhibe una bandera que los marinos británicos tomaron durante el combate. Está allí porque fue devuelta a la Argentina por uno de los comandantes de la fuerza invasora, el almirante Sulivan (1), quien, el 26 de octubre de 1883, ya anciano, se presentó en el Consulado argentino en Londres para entregarla, acompañada de una nota que expresaba: “En la batalla de Obligado en el Paraná el 20 de noviembre de 1845 un oficial que mandaba la batería principal [la Manuelita] causó la admiración de los oficiales ingleses que estábamos más cerca de él por la manera con que animaba a sus hombres y los mantenía al pie de los cañones durante un fuerte fuego cruzado bajo el cual esa batería estaba expuesta. Por más de seis horas expuso su cuerpo entero. Por prisioneros heridos supimos después que era el coronel Ramón Rodríguez (2) del Regimiento de Patricios de Buenos Aires. Cuando los artilleros fueron muertos hizo maniobrar los cañones con los soldados de Infantería y él mismo ponía la puntería. Cuando el combate estuvo terminado habían perdido quinientos hombres entre muertos y heridos de los ochocientos que él comandaba. Cuando nuestras fuerzas desembarcaron a la tarde y tomaron la batería con los restos de su fuerza se puso a retaguardia, bajo el fuego cruzado de todos los buques que estaban detrás de la batería, defendiéndola con armas blancas. La bandera de la batería fue arriada por uno de los hombres de mi mando y me fue dada por el oficial inglés de mayor rango. Al ser arriada cayó sobre algunos cuerpos de los caídos y fue manchada con su sangre. Quiero restituir al Coronel Ramón Rodríguez si vive, o al regimiento de Patricios de Buenos Aires si aún existe, la bandera bajo la cual y en noble defensa de su Patria cayeran tantos los que en aquella época lo componían. Si el Coronel Ramón Rodríguez ha muerto y si el Regimiento de Patricios ya no existe, pediría que cualquiera de los miembros sobrevivientes de su familia la acepten en recuerdo suyo y de las muy bravas conductas de él, de sus oficiales y de sus soldados en Obligado. Los que luchamos contra él y hemos presenciado su abnegación y bravura tuvimos grande y sincero placer al saber que había salido ileso hasta el fin de la acción.”» (Pacho O’Donnell, La gran epopeya: El combate de la Vuelta de Obligado. Buenos Aires: Aguilar, 2012; 74: “La bandera que regresó a la Patria”, pp. 249-250)
Sin duda alguna, La Vuelta de Obligado, junto a los otros episodios protagonizados por aquellos valerosos hijos de la Confederación Argentina entre 1845 y 1848, constituye una epopeya digna de orgullo y admiración para el pueblo argentino. Seamos fieles y consecuentes a nuestros verdaderos héroes y auténticas tradiciones. Y que nuestros niños aprendan a conocer nuestra historia para consolidar nuestro presente y asegurar nuestro futuro.
Notas
(1) Sir Bartholomew James Sulivan (1810-1890). Fue parte de la oficialidad del bergantín HMS Beagle en el viaje de circunnavegación que transportó a Charles Darwin (1809-1882) entre 1831-1836. Entre 1842 y 1846 Sulivan fue capitán del HMS Philomel en la estación británica de Sudamérica con base en las Islas Malvinas. El Philomel, un bricbarca de 8 cañones, participó en la batalla de Obligado. Durante la Guerra de Crimea contra Rusia, Sulivan estuvo asignado a la escuadra del Báltico. Fue promovido a vicealmirante en 1870 y a almirante en 1877.
(2) Ramón Rodríguez (1792-1866) fue un coronel argentino que se destacó en la Guerra de la Independencia, la Guerra del Brasil. Posteriormente integró el Ejército Federal contra los Unitarios. Después de Obligado siguió combatiendo a lo largo del Paraná y participó de la Batalla de Punta Quebracho. Hay un error de apreciación del almirante Sulivan. Según acredita el eminente historiador argentino Adolfo Saldías (1849-1914), precursor de la escuela revisionista, el heroico comandante de la batería Manuelita —en honor de Manuelita Rosas (1817-1898)— fue el coronel de marina Juan Bautista Thorne (1807-1885). Las naves invasoras con 418 cañones fueron detenidas por tres gruesas cadenas tendidas de costa a costa, sobre 24 lanchones. Esa trampa ideada por Mansilla permitió a las cuatro baterías (30 cañones) de cañonear con eficacia por cierto tiempo a los buques enemigos desde las barrancas que en se punto tenían una altura de 20 metros. Ante los daños que infligía la artillería, los invasores intentaron acallar sus fuegos desembarcando. En cuanto lo hicieron fueron atacados por la Infantería de Patricios al mando de Ramón Rodríguez, que cargó a la bayoneta calada contra las fuerzas invasoras bajo el fuego de la artillería de los buques enemigos. Mientras tanto, la caballería federal trataba de evitar desembarcos en puntos más alejados. Hay que tener en cuenta que los navíos europeos poseían la tecnología más avanzada en maquinaria militar de la época y estaban impulsados tanto a vela como con motores a vapor. Una parte de ellos estaban parcialmente blindados, y todos dotados de grandes piezas de artillería forjadas en hierro, y de rápida recarga, granadas de acción retardada, Shrapnels (las primeras bombas-proyectiles de fragmentación antipersonales) y cohetes a la Congreve. Ramón Rodríguez fue un héroe sin tacha, al igual que Thorne, el coronel de marina Álvaro José de Alsogaray (1809-1879) y Martín de Santa Coloma (1800-1852), este último degollado sin juicio previo mientras estaba detenido tras la Batalla de Caseros (3 de febrero de 1852), una batalla en la que los enemigos de la Patria (británicos, franceses, brasileños y unitarios) se coaligaron junto con Urquiza para acabar con la Confederación Argentina, y junto con ella con la libertad, la independencia y la soberanía. Por eso el silencio, la omisión y el olvido de los héroes de Obligado.


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