Por Hernán Cardo*
La Navidad para el pueblo cristiano simboliza la llegada del Hijo de Dios a este plano: La esperanza de paz y transformación en una tierra injusta, con una humanidad que lejos de evolucionar pareciera degradarse en pos de avances tecnológicos y plutocráticos.
La construcción de una Paz real no se consuma a través de fórmulas mágicas o de dioses encarnados que prescinden del género humano. Es más bien a la inversa.
Debemos encontrar la divinidad que habita en todos y cada uno de nosotros.
Así no sólo entenderemos que ninguna guerra es el camino y que todos y cada uno somos indispensables, imprescindibles. ¡Por una Paz duradera y que transforme! Porque no hay Paz posible si pretendemos dejar al mundo como está (ya lo dijo el profeta de la canción venezolana, Alí Primera).
La Palestina Libre y Soberana triunfará a pesar del doloroso intento del exterminio negacionista de los falsos hijos de Sion.
Luego de eso.
Feliz Navidad!
*Hernám Cardo es periodista y presidente del Instituto Alexandre Pétion


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