Con poca difusión y, sobre todo, con una repercusión autogestionada desde medios sociales, los y las trabajadoras de la educación porteños se plegaron al «cese de actividades virtuales propuesto por distintos sindicatos para los días 3, 4 y 5 de agosto».
La medida de fuerza de 72 horas convocada por CTERA, UTE y CTA., se produce por el incumplimiento de un conjunto de demandas por parte del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Desde el inicio de la pandemia los y las docentes denuncian que la administración de Horacio Rodríguez Larreta ha abandonado a las comunidades educativas, para que cada institución resuelva como pueda su continuidad pedagógica.
El principal reclamo es salarial, ya que el sueldo correspondiente a julio fue abonado sin el aumento establecido en el Acta Salarial acordada entre los gremios y el Gobierno porteño en el mes de febrero de este año.

También denuncian ser víctimas de varias «arbitrariedades», no sólo en cuanto al salario, que pretendían abonar en cuotas y a la incertidumbre respecto del aguinaldo, sino que además, muchos y muchas docentes suplentes fueron cesados, es decir, que quedaron sin posibilidades de acceder a otros cargos. Esto implica cientos de familias sin ingresos ni obra social, algo de suma gravedad en medio de la pandemia.
Desde el gremio UTE, a través de un comunicado denunciaron el «desinterés y desprecio del jefe de Gobierno, Rodríguez Larreta, y de la ministra, Soledad Acuña, por lxs docentes y la educación pública», ya que en la conferencia de prensa que brindó el 17 de julio agradeció a los y las docentes por su trabajo pero, paradójicamente, tan sólo una hora después funcionarios del Ministerio de Educación porteño anunciaron que no pagarían el aumento del mes julio y que congelarían los sueldos.
Para el gremio, «estas decisiones demuestran que, aunque frente a los medios Horacio intente parecer otro, sigue siendo Larreta».
A la lista de reclamos en este cese de tareas, se suma la garantía del acceso a la conectividad para docentes y estudiantes, lo cual resulta del todo significativo en esta época de pandemia, en la cual la única forma de garantizar la continuidad pedagógica es de manera virtual.
El Gobierno nacional ofreció computadoras accesibles con créditos exclusivos para docentes, pero esto parece ser insuficiente y, por otro lado, aún se encuentran en trámite numerosos amparos colectivos de estudiantes de la Ciudad que reclaman notebooks o tabletas para poder garantizar su acceso a la educación.

Otro de los reclamos, recientemente viral, es el pedido de renuncia del director general de Escuelas de la Ciudad, Fabian Capponi, que siendo funcionario de primera línea del Ministerio de Educación fue escrachado mientras realizaba una fiesta en la sede ministerial, bailando con empleados, sin barbijo ni distanciamiento, violando todas las normas sanitarias vigentes en relación al Covid-19.
No menos importante, resulta el reclamo de la tarjeta alimentaria en reemplazo de los bolsones de comida que se entregan en forma quincenal en las escuelas de la Ciudad, ya que las mismas se consideran insuficientes y, además, expone a la pandemia a quienes tienen que retirar y a quienes trabajan en su distribución. Reclamo que suena coherente dada la emergencia sanitaria excepcional en la que vivimos.
Una vez más, la comunidad educativa de la Ciudad de Buenos Aires le reclama al jefe de Gobierno porteño condiciones dignas e iguales por una educación pública de calidad y segura para todos y todas.


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